Campos de Tierra

Julio César Izquierdo


Nos deciden

20/02/2021

Desconozco si el reto es demográfico, si está en transición, si sube o baja. Algo tendrá el asunto si tiene agua bendecida. Porque resulta muy cansado oír a tantos hablar de lo que ocurre en el medio rural, aunque, de vez en cuando, saltan las alarmas, sobre todo cuando llegan voces nuevas, reivindicativas, que ponen el dedo en la llaga. Y, puede ser, que ni siquiera preocupe lo que dicen. Tal vez lo que  entra es el miedo, por si algún día fueran capaces de organizarse y tomar asiento en los congresos y palacios donde se deciden las suertes. Pero existen resortes para que se desinflen y pierdan fuelle, pues los ya establecidos tienen aparatos que todo lo pueden y terminan brindando en sus programas soluciones que son de corta y pega de la campaña anterior.  Son cosas que le estoy relatando a Tiburcio y que otros me contaron a mí, por ver qué opinión tiene al respecto. Solo escucha, sin decir nada. Y le sigo explicando que los problemas de base, los del día a día, no son mediáticos, no movilizan. De normal, le comento que dicen, lo que triunfa son los movimientos afincados en el hormigón, que dictan sentencia de todo lo que no es de su agrado, pegando palos a ciegas, diciendo cosas vagas. Vamos, que ni están ni se les espera, como siempre. No estarán para que la tienda siga abierta, ni para que llegue el coche de línea. Tampoco para pelear por los servicios médicos, o para contar con alguna sucursal bancaria. Y nos dirán que lo movamos nosotros, que para eso estamos en ello todos los días del año. Razón no les falta. Ellos, los que predican en pro de lo sostenible y natural, vendrán nada más para decir que no a todo lo demás. Siguen creyendo que el campo no tiene dueños, que la gente vive del aire, que ser pocos resta derechos, que no somos capaces de distinguir lo bueno de lo malo. A veces prejuzgan, acusan sin tener información suficiente. Ocurre también que se prodigan en el adjetivo calificativo, viviendo en una especie de Disney World y nos quieren convertir a los moradores en un parque temático, a su imagen y semejanza. Mezclan, y Tiburcio asiente, la velocidad con el tocino. Lanzan cuentos que terminan diciendo que viene el lobo y algunos se convierten en caperucitas de saldo. Es lo que hay.