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Víctor Arribas

VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Rusia como culpable

19/06/2022

El arma más a mano para la defensa en situaciones complicadas parece ser ahora el comodín de Vladimir Putin y su enajenada guerra imperialista. La destrucción que el genocida ha provocado ya, la muerte incesante que ha causado su empeño en recuperar la grandeza de la Rusia transcontinental aplastando a un país que sabe defenderse como Ucrania, han causado tanto rechazo en Europa y en el mundo que ahora está de moda perjurar sobre su nombre como muestra de limpieza y honestidad. Esta semana el gobierno ha vuelto a hacer uso del comodín de Putin al responsabilizar a la potencia ex soviética de la ruptura de relaciones forzada por Argelia, una ruptura que ha llegado por motivos que le son a Putin y a sus consejeros y oligarcas tan lejanos como lo es para nosotros Siberia. Pero ahí quedó la justificación: "la culpa de que Argel se cabree con España la tiene Rusia, la dependencia de Argelia del gigante ruso". La guerra de Putin es responsable de todo, como llevamos casi cuatro meses escuchando como subterfugio para ocultar responsabilidades propias en la inflación, el frenazo al crecimiento, la escasez de materias primas o los bajos salarios. Hoy en día, cualquier asunto patrio que no tiene a Rusia como culpable, es que no le afecta negativamente al gabinete de coalición. De todo los demás la culpa la tiene el Kremlin y los esbirros del ex agente del KGB.

Seguramente el presidente español tuviera motivos para promover un cambio en la posición de España sobre el Sáhara. Sobre todo después del reconocimiento de la soberanía de Marruecos por parte de Estados Unidos. Pero esa decisión se ha tomado de forma oscura, sin aclarar los porqués y las motivaciones reales que pueden tener mucho que ver con el espionaje al teléfono de Sánchez, y se ha tomado sin informar al principal partido de la oposición, con el que se debería pactar siempre lo más trascendente de la política exterior, ni al Congreso, ni a los propios ministros que desconocían el contenido del comunicado del Rey marroquí hasta que se hizo público. La prudencia aconsejaba al presidente aguardar un tiempo, no posicionarse claramente hacia un lado o hacia el otro, ser contemporizador, navegar entre dos océanos tan distintos como Rabat y Argel, por el interés general de los ciudadanos españoles. Pero lo que ha hecho es dar una patada al tablero, dinamitando casi medio siglo de diplomacia nacional y además buscando como chivo expiatorio al régimen ruso, porque lo más cómodo ahora es echarle todas las cargas de lo que se nos tuerce en casa.

Ahora tendremos que recomponer no una, sino tres relaciones bilaterales destrozadas: la marroquí que aún anda con parihuelas pese a las concesiones de La Moncloa, la de Argelia golpeada a bofetadas por el cambio de postura español, y la hispano-rusa, aunque esta es otra historia que nadie sabe bien como va a acabar.