Julio López


82.651

21/01/2021

Hace unos días el INE confirmó una nueva pérdida de población en Palencia, que muchos identificaréis con lo que sucede en nuestros pueblos. Sí, pueblos con menos de un centenar de habitantes, sin un solo nacimiento en lo que va de siglo, y con el goteo de vecinos que fallecen tras resistirse heroicamente a abandonarlo en vida. O pueblos de mayor tamaño, asolados por la ausencia de oportunidades laborales y la deficiente prestación de servicios públicos, lo que obliga a muchos de sus habitantes a desarrollar su proyecto vital lejos del lugar que les vio nacer. 
Sí, pensaréis en la Palencia Vaciada porque llevamos décadas sufriéndola en mayor intensidad que el resto de España, pero también deberíais pensar en la capital, cuyo declive poblacional ha contribuido a que seamos la octava provincia española con el mayor quebranto demográfico de la última década. Sí, porque en 2009 nuestra capital alcanzó los 82.651 vecinos, su máximo histórico, y desde entonces ha perdido habitantes ininterrumpidamente hasta los actuales 78.144. Ya, ya sé que otras capitales también pierden población, pero su merma viene normalmente acompañada de una ganancia más intensa en el alfoz, que no es el caso. Grijota, Villalobón, Villamuriel y Fuentes de Valdepero sólo han ganado 1.787 habitantes desde 2009, con lo que el saldo demográfico de la capital más el alfoz es de casi 3.000 habitantes menos en 11 años. Tremendo.
¿Entonces? Pues el mal de la capital es su falta de dinamismo económico y laboral, que la incapacita para atraer población del medio rural, y para retener a sus jóvenes más formados. No quiero marearos con datos, pero de enero de 2009 a enero de 2020 aumentó la afiliación a la Seguridad Social en un millón de personas en España, mientras que en Palencia capital se redujo en mil.

Como suena. Nuestra capital sufre una suerte de autismo económico que justifica su pérdida de habitantes, y ésta a su vez explica la marcha de tiendas como Zara, que precisa de un umbral de población para ser rentable, amén del cierre de pequeños comercios por la misma razón, que no venden. Estos cierres destruyen empleo, retroalimentando la espiral desempleo-despoblación que barre la capital, y cuya solución reclama como condición necesaria de eficacia que los palentinos seamos conscientes de su extrema gravedad. Y esa es mi cruzada. 



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