Desde mi ventana

Toyi Marcos Sosa


Si Bildu dice que va a

22/11/2020

Madrid a tumbar el régimen, el Gobierno ya se presenta en términos conflictivos. No  habrá  leyes que amparen al pueblo ni llamen al orden a un Gobierno que se acostó democrático y se levanta dictador. El abuso cultural y, desde luego, el político están revestidos de carácter intervencionista por ese sostén entre las relaciones de fuerza y los desafíos ideológicos alejados de sus responsabilidades en el sentido de paz de los derechos ciudadanos que no podrán decidir ni disponer en Libertad de su persona. 
Y Sánchez llama a capítulo a los suyos y  nadie se mueve. Callan y otorgan mientras el país se destruye. No hay comunicación ni ideas para solucionar los graves problemas que padece España.  La opinión de compañeros no se admite y las órdenes contradicen al constitucionalismo pero se acatan, ante el temor a ser apartados de lo que une a muchos privilegios. El acercamiento con el contrario tampoco existe, la mayoría ciudadana no forma parte de este Gobierno, ni está protegida de separatismos periféricos, ni por los que buscan la gresca en un régimen totalitario tipo archipiélago gulag. ¡He ahí, la diferencia con el pueblo que ve de cerca la miseria además del Covid! 
La economía nacional flaquea golpeada por mala gobernanza. Pero esta patria de ideas universales, pueblo que ha extendido ampliamente su lengua y cultura por el mundo no debe replegarse, sino ser respetada y activa conservando los rasgos capaces de cerrar su mente a cambios draconianos.
Y si socialismo significa sentido de solidaridad y voluntad para que el Gobierno organice y dirija el progreso en Igualdad y en Libertad de TODOS sus ciudadanos, bienvenido sea. Pero si ya es otra cosa y significa la manipulación de la masa, prohibición de  costumbres ancestrales y de su lengua, la paralización de la iniciativa privada, la economía desorganizada por ensayos irresponsables, agrupación de poder y riqueza en unos pocos o estar aislados de una parte del mundo exterior por ideologías, entonces, es verdad que la discordancia es total. 
Porque la dimensión de la vida social de los españoles cada día tiene menos de solidaridad y fraternidad y sí mucho de tiranía.



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