DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Tobogán hacia el rescate

18/10/2020

Mientras la segunda ola de la pandemia se expande sin freno y cuesta abajo por la vieja Europa y la mayoría de los países cierra filas para combatirla, aquí vamos camino de ratificar un triple salto mortal sobre el alambre con un gobierno sustentado en una mayoría agónica y una oposición desdibujada y pendiente de sus cuitas. Lo de esta semana en el Congreso de los Diputados parecía más bien la tradicional berrea en los montes de Palencia que un parlamento en el que se discuten y se aprueban medidas para beneficio del conjunto de los ciudadanos. Ya lo decía el clásico, la historia se repite, primero como tragedia, después como farsa.
Hace unos días, un artículo publicado por uno de los diarios europeos de referencia del sector financiero se cuestionaba las ayudas de la UE a España, porque «políticamente, la situación es demasiado inestable». Pero, a lo que se ve, en este país somos proclives al más difícil todavía y, a la pésima gestión de la pandemia, se ha unido la proposición de ley que pretende cambiar el sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial. Todo un ejercicio fariseo con el que manipular la independencia judicial, poniendo en riesgo, con ello, la llegada de los 140.000 millones de euros comprometidos por Europa para España. Esa pretensión del Gobierno y, especialmente, de sus socios de Unidas Podemos, puede literalmente retrasar e incluso paralizar el destino de los fondos si se llegara a activar el artículo VII de los Tratados de la UE, que en la práctica supone suspender el derecho al voto en el seno del Consejo, como así sucedió en el caso de Polonia y Hungría tras incumplir los acuerdos.
No tiene un pase que nuestros políticos bailen sobre la cuerda floja, tirándose los trastos a la cabeza, mientras los efectos del coronavirus impactan de lleno en la economía de miles de familias y, lo que es peor, acaban con la vida de mucha gente, literalmente. Ni siquiera en el momento tan excepcional que vivimos se produce una mínima reacción de los dirigentes para ir todos a una. 
Nadie tampoco se va a extrañar a estas alturas que el endeudamiento del país ascenderá a niveles récord, impensables no hace tantos meses, ni que la acumulación de la deuda pública va a condicionar, y mucho, los años venideros. Y ya se sabe, ‘mal de muchos, consuelo de tontos’. Porque es de tontos pensar que Europa va a ayudarnos gratis cuando hay países de nuestro entorno que sí cumplen los mismos deberes. 
No es que uno sea un pesimista impertérrito, pero el termómetro arroja una temperatura escalofriante, con un escenario en el que no estamos para bailes, salvo el de los números que nos dan cada día sobre los nuevos contagios. A la contracción del consumo se suma una fuerte incertidumbre económica y sanitaria que sitúa la confianza del consumidor en mínimos del año 2012, por no hablar de los cambios culturales que se avecinan en este país, con reajustes inevitables en la industria del ocio y el turismo. 
Hay demasiados indicadores como para no afirmar que el tobogán hacia el rescate lo están engrasando muy bien los que berrean en las tribunas públicas, hasta el punto de que podríamos concluir que a España «entre todos la mataron y ella sola se murió».



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