Desde mi ventana

Toyi Marcos Sosa


Preludio con desasosiego

18/10/2020

Con un PIB en caída libre, un liderazgo del paro juvenil en la OCDE en el mes de agosto con tasa próxima al 44% y más desbarros, el diligente Gobierno - para lo que quiere- parece no enterarse. Y el problema no es todo del Covid, sino de ese Gobierno que excede todos los límites del desconcierto con movimientos de que no se sabe qué puede salir cuando la pócima se agite. 
Y como van a por todas, aprovechando las calamidades del pueblo, algunos de sus miembros pretenden que la Justicia para ellos sea de una mansedumbre excepcional en caso de investigados, a pesar de que de antemano dicen saber qué va a «decir el Supremo», deciden de forma unilateral hacer una reforma a su medida. Y eso no es Libertad, es Opresión. ¿Qué país sería este sin una ley justa? Las leyes son necesarias aplicadas con rigor y equidad, solo hay que cumplirlas y admitirlo porque el deber de la sociedad es prevenir el mal en sí mismo. La mayoría no entendemos, pero distinguimos el bien del mal por eso, siempre será mejor encontrar palabras de aliento que afrentas ni alardes desde la cúspide del poder sabiéndose aforados. No hemos salido del pasado para no tener un mejor porvenir, porque aquella época terminó. 
Labrarse un porvenir a base de conflictos que creen tan imprescindibles como sus necesidades, sin importar por donde tenga que pasar al sentirse héroes invencibles dentro del ordeno y mando, es mala cosa. Nadie debe estar por encima de la Ley ni influir sobre ella, ni siquiera un Rey. El pueblo no puede más, todo es imposición y no duda del férreo control que ejercen abusando del poder con el objetivo de reducir a la ciudadanía a fase de letargo letal, que es una forma de perder la capacidad de pesar. 
Un Gobierno, del signo que sea, más dado a imponer que a bien gobernar, mina las ilusiones, los proyectos de la gente y pone los pelos de punta. Y eso está ahí. Con el poder en sus manos pocas veces pasa por sus ilustres mentes la idea de no destruir, de salvar a la gente de la pobreza, dar trabajo estable, casa y establecer concordia. 
Y puede que, debido a la escasa hoja de servicio al sufrido pueblo español, sus expedientes jamás brillen.