Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


Ilustrísima señoría

13/10/2020

A mí, particularmente, no me ha sorprendido el nombramiento de María Luisa Segoviano como Presidenta de Sala del Supremo en materia social. Pero me ha sido imprescindible paciencia y tiempo, el Saber Esperar para presenciarlo. La conozco, la sigo, la admiro, sé de que familia viene y sus vínculos con Palencia desde que su padre nos acompañó en la llamada escalera de mármol. 
Ya hubo un juez vinculado a Palencia, aunque era asturiano, que estuvo en los asuntos sociales impuesto por Franco, se llamaba Baltasar y se casó con una palentina Carmina Durantez, hija del odontólogo Padierna, porque El Jefe del Estado creyó necesario ubicar a un hijo y compañero de la minería asturiana en la defensa obrera.
Ahora, pasada esa época, una vez encauzados para ser resueltos los problemas de los trabajadores, es la defensa de la mujer, de su estatus libre, la que demanda la atención social. No debe ser una mujer de ideología de partido, no abrazada al petardeo ministerial, apartada del PSOE de Lastra o Franco, sino actuando para las necesidades del feminismo sin ideología de género.
María Luisa no es el envoltorio de celofán de un progresismo de argumentario, sino del progresismo feminista de Landaluce, Cayetana, Piglia, Sontag o Loola, de libertad e igualdad dentro de una sociedad plural y abierta. Es la alternativa frente a lo caduco.
Cuando desde la barra del Café Lion D’Or de Valladolid, ves las reacciones de las mujeres de tarde y café con leche al entrar la Segoviano, como ellas dicen, te das cuenta del abismo que existe entre ella y lo antiguo, lo conservador sin ton ni son. Su originalidad en la moda es independencia, reacción alternativa a lo binario del blanco o negro y una apuesta por el número tres clarificador que es necesario para que la mujer ejerza su responsabilidad, como oposición y alternativa servil a lo que pretenden sea sociedad de derrelictos.
Ahora me sobra para ver terminar su trabajosa labor, aquello que decía Quevedo que se ha de sentir, pero nunca se ha de mostrar: el miedo; lo que Su Señoría tiene superado para conseguir el objetivo de una justicia sin sometimientos.
Enhorabuena Señoría.