VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Hablad muditos

18/10/2020

Como en la película de Manuel Gutiérrez Aragón de 1973, alguien debería decirles a los muditos repentinos que es la hora de tomar la palabra. Pero parecería que se han quedado sin lengua. De tan expresivos y reivindicativos que eran habitualmente, nos habíamos acostumbrado a sus voces cuando se cometían tropelías con este país. Tristemente un silencio súbito se ha apoderado de ellos. Cuando el antagonista es de tu propio partido pero ha llegado a lo más alto del poder, y todavía ansía llegar más arriba aún debilitando y cuarteando la más alta institución del Estado, te callas. Y que sean otros los que eleven la voz para denunciar lo que ocurre. Es más cómodo.
El acoso a la monarquía es sólo un resorte rupturista más de los que se han activado en estos primeros meses de la legislatura. Ha habido ya un asalto descarado a la fiscalía para que esté aún más controlada desde el poder, el proyecto de modificación de leyes como la del delito de sedición para beneficiar a quienes deben darte sus votos, la preparación de los indultos que harán inútil la jurisdicción ordinaria, y ahora el golpe definitivo a la separación de poderes con la toma de control absoluto del judicial a través de los nombramientos del órgano que gobierna a los jueces. Como hace Trump en Estados Unidos imponiendo a la magistrada Barrett para el Supremo a tres semanas de unas elecciones. Como hace el partido Ley y Justicia en Polonia, ese país desbocado que abochorna a los socios europeos. La coalición española ya tiene a quien parecerse, y no es el gobierno moderado de izquierdas del portugués Costa, que acaba de anunciar una reducción fiscal para estimular la economía destrozada por la pandemia. Ante todo esto, han perdido la voz los varas y los pages, las susanas y los lambanes, los ximos y hasta ese hombre honrado que presidió su partido durante los meses que duró la expulsión del adelantado, un Javier Fernández que ha desaparecido de la vida pública como los azucarillos en la taza de café, pese a la grata impresión que dejó a los españoles por su moderación y raciocinio. Ahora no se le escucha, como a todos los demás, pese a lo que se está llevando a cabo en España a ojos de todo aquél que quiere ver. 
De los dos ex presidentes socialistas se esperan cosas diferentes sobre este proceso. Del más reciente, se espera que arrime el hombro para seguir adelante con la labor que emprendió y que su pupilo está consumando. Y del más veterano, que siga diciendo en voz alta aquello que callan los muditos sobre la voladura del proyecto colectivo que los españoles construyeron en la Transición, para evitar que sólo sirva a los afectos al nuevo régimen y a los conformistas. 



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