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Personajes con historia - Isabel Zendal

La madre de los ‘ángeles custodios’ de la vacuna de la viruela


Antonio Pérez Henares - 26/07/2021

Isabel Zendal es hoy un nombre conocido en toda España y ya no digo en Madrid, donde ha sido objeto de gran controversia, batalla y hasta símbolo de victoria. Todos sabemos que es un hospital, pero ya son bastantes menos quienes conocen la razón de que este se llame así. Pero, al menos, fue muy acertado bautizarle con tal nombre. Porque Isabel Zendal es un figura, amén de humanamente admirable, determinante en la trascendental expedición de Balmis, la gran epopeya médico-sanitaria a que llevó la vacuna contra la viruela a todo el mundo hispano, desde España al continente americano, desde el sur hasta lo que hoy ya es Estados Unidos. Y desde allí al Pacífico y Filipinas.

En estos tiempos de pandemia que nos ha tocado sufrir resulta sorprendente que más de 200 años después una dificultad técnica como es la conservación de la vacuna tenga similitud con la necesidad de hacer lo que protagonizaron Balmis y Zendal. Las vacunas al ser trasladas entonces y a causa del viaje y la temperatura perdían totalmente su eficacia. Recordarán que ha sido también ahora problema por el frío extremo al que las del coronavirus se han de mantener. Pues bien, resolver eso en el año 1803 fue la causa de la incorporación de la enfermera, pues tal era su profesión, a la salvadora expedición.

Lo que el doctor Francisco Javier Balmis concibió para poder llevar la vacuna hasta el más alejado confín fue que esta viajara en el cuerpo humano. En concreto en el de 22 niños, muchos gallegos y del hospicio que Isabel Zendal había llegado a dirigir en La Coruña. Isabel era hija de unos pobres campesinos, pero consiguió estudiar con el párroco del pueblo. Al fallecer su madre, precisamente de viruela, cuando ella tan solo tenía 13 años, comenzó a trabajar y a los 20 entró en el Hospital de la Caridad de La Coruña, que había fundado Teresa Herrera. Por su entrega y buen hacer acabó siendo rectora y como madre soltera crió allí a su hijo, Benito Vélez, que sería uno de los niños del viaje. Conocemos incluso su salario como rectora de la inclusa: 50 reales y una libra diaria de pan que se aumentó a partir del 1801 en otra media libra para su hijo y después en media libra de carne al día para los dos.

Un lienzo que representa al doctor Balmis en la campaña de vacunación.Un lienzo que representa al doctor Balmis en la campaña de vacunación. Balmis conectó con ella al caer en la cuenta de que era imprescindible que una mujer formara parte de la expedición para la atención y cuidado de los niños. Isabel fue la última incorporación y ella, convencida de la necesidad y propósito de la misma, aceptó su propuesta y se embarcó como enfermera, con un salario equiparado al de los hombres de tal condición, a bordo del María Pita el 30 de noviembre de 1803.

La vacuna se iba poniendo por turnos de un niño a otro cada nueve días para así poder llegar con ella viva y eficaz a las Américas. De los 22 primeros niños que hicieron esa travesía, 11 provenían del hospital de la Coruña, otros cinco de Santiago de Compostela y seis más de la Casa de Desamparados de Madrid. Sus edades oscilaban entre los nueve años de Benito, el hijo de Isabel, hasta los tres de los más pequeños. De estos primeros 22 en el viaje a América pereció uno de ellos que no pudo soportarlo.

 

Sin billete de vuelta

Isabel defendió con bravura y maternal cuidado a todos aquellos niños y se preocupó de que se les atendiera según se había establecido por orden real: «...serán bien tratados, mantenidos y educados hasta que tengan ocupación o destino con que vivir, conforme a su clase y devueltos a los pueblos de su naturaleza, los que se hubiesen sacado con esa condición».

Cada cual, antes de embarcar, había recibido dos pares de zapatos, seis camisas, tres pantalones y otras tantas chaquetas de lienzo y un pantalón más de paño para el frío. Seis pañuelos para el cuello y la nariz y un vaso, un plato y cubiertos para comer completaban su ajuar.

La actriz María Castro dio vida a Isabel Zendal en la serie de TVE dirigida por Miguel Bardem basada en la novela ‘Ángeles Custodios’. La actriz María Castro dio vida a Isabel Zendal en la serie de TVE dirigida por Miguel Bardem basada en la novela ‘Ángeles Custodios’.  Isabel consiguió su objetivo de preservar vivos a la gran mayoría y luego que estos encontraran acomodo en tierras americanas, pero un precepto del viaje jamás se cumplió. Ninguno regreso ni a Galicia ni a España.

La primera parada del María Pita fue Santa Cruz de Tenerife, donde estuvieron un mes vacunando a la población, y tras cruzar el Atlántico llegaron a Puerto Rico, donde comenzó la vacunación en tierras americanas, que duró todo un año, hasta la partida desde Acapulco, rumbo a Filipinas.

Desde Puerto Rico siguieron al territorio de Nueva Granada, llegando a la Capitanía General de Caracas el 20 de marzo de 1804. La expedición allí se dividió para abarcar el máximo territorio y población. Una parte, dirigida por José Salvany y Lleopart, fue hacia la América meridional, mientras que Balmis, grupo al que se asignó a Isabel, cogió rumbo norte llegando a la ciudad de México en agosto de aquel año. Ella y los niños se instalaron en el hospicio de la capital de la Nueva España mientras que Balmis y su grupo vacunaban por todo el norte del virreinato hasta los territorios que ahora conforman el sur de Estados Unidos.

Un monumento en La Coruña recuerda el origen de esta sanitaria pionera, que nunca llegó a regresar a su tierra.Un monumento en La Coruña recuerda el origen de esta sanitaria pionera, que nunca llegó a regresar a su tierra.Las trabas administrativas que hubieron de superar en los diferentes virreinatos y territorios fueron muchas y estuvieron a punto de dar al traste con todo. Solo el empeño de Balmis y sus ayudantes y la dedicación de Zendal a los niños salvó la situación de la incompetencia, cuando no el desdén y las más peregrinas trabas burocráticas de funcionarios y autoridades que tenían la obligación de ayudarles y proveerles y que no hicieron en ocasiones sino entorpecer.

Pero lo lograron e iniciaron la segunda gran singladura de su viaje. Atravesar el Pacífico y llegar a Filipinas. Ahora los ángeles custodios fueron 26 niños mexicanos, de similar extracción a los venidos desde España, de los cuales ya solo prosiguió viaje el hijo de Isabel. Zarparon a bordo de la fragata Magallanes llegando, tras una agitada navegación, a Manila el 5 de abril de 1805. En su hospicio, al igual que en México, se quedó Isabel con los niños mientras que Balmis y los demás se distribuyeron vacunando por todo el archipiélago e incluso llegaron a hacerlo en la costa continental de China.

Allí permanecieron durante cuatro años para regresar finalmente a Acapulco en agosto de 1809. Para entonces se había producido ya en España la invasión napoleónica, el rey Carlos IV ya no lo era, su hijo Fernando VII se había entregado a Napoleón y la Guerra de la Independencia había comenzado. Ni la mayoría de los expedicionarios ni Isabel Zendal pudieron, algunos tampoco quisieron, regresar en aquellas condiciones a España. La enfermera se trasladó con su hijo a Puebla, de donde se tienen las ultimas constancias documentadas de su vida hasta 1811. No se conoce la fecha de su fallecimiento.

La construcción en Madrid del hospital de pandemias que lleva el nombre de esta mujer, la ha devuelto a la actualidad.La construcción en Madrid del hospital de pandemias que lleva el nombre de esta mujer, la ha devuelto a la actualidad. De su hacer, sacrifico y entrega a los niños de los que se convirtió en una verdadera madre dan pruebas estas palabras del doctor Balmis escritas en Macao en 1806, donde también llegó la vacuna española que consiguió proteger a unas 250.000 personas en total. «La mísera rectora que con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre sobre los 26 angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades».

La memoria de Isabel Zendal ha permanecido en el olvido largo tiempo y no fue hasta finales del siglo anterior y, sobre todo, ya en este cuando se ha reconocido su labor, tanto a nivel mundial por parte de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), como en el ámbito nacional.

Varios libros y especialmente algunas novelas como la de Almudena de Arteaga (Ángeles custodios, 2010, que tuvo secuela cinematográfica en TVE ) y Javier Moro (A flor de piel, 2015) supusieron una recuperación importante de su figura. Se unieron a ello algunos monumentos, dedicatorias de premios y finalmente un centro sanitario, como ahora el emblemático hospital madrileño.