Otra mirada

Carmen Quintanilla Buey


Cuestión de paciencia

26/03/2021

Ya lo veréis, pronto irán apareciendo esos días largos y soleados donde los pájaros, dormidos y sobrevividos, llegarán con soplos de bríos nuevos por esa tregua impuesta e incrustada. Y tú, y yo, y el mundo entero, volveremos a reclamar ese sosiego que se nos arrebató de las manos, aunque a cambio se nos pida hacer horas extraordinarias para reencontrarlo. Y será entonces, y sólo entonces, cuando al recordar una etapa transcurrida entre aullidos y presencia de cuervos al acecho, nos refugiemos en las blancas palomas de la Paz, que regresarán con ramitos de olivo en el pico. Y en tantísimos huecos que han quedado libres, nuestro pulso, acelerado y con la piel de gallina, se armará de valor para enfrentarse a esos ojos tristísimos, supervivientes de rostros camuflados y vencedores de lucha encarnizada y con tantos resbalones frente al precipicio. Es muy difícil, casi imposible, encontrar migajas de alegría entre los residuos que deja el dolor. A veces, la sonrisa correcta, y por cumplido, es la secuela que, a modo de respuesta, dejamos a la bondad que percibimos. Bajo el sol que se aproxima, nos querremos mucho más, ya lo veréis, y si es preciso, lloraremos sobre algún hombro que sólo conocíamos de vista. Es muy bueno llorar porque llorando se vacía el baúl del pesimismo. A veces no queremos llorar ante nadie, pero hay que llorar cuando el llanto fluye a pesar de los testigos a los que tú no has invitado a formar parte de tu dentro. Pero ahí están, aguantando, y aguantando tú. Y en tales casos huelgan las explicaciones y los motivos, eso es algo que al testigo no le incumbe, y a ti te revive, sí, es tu asignatura repleta de lecciones con exámenes posteriores repletos de sobresalientes, aunque al ir a celebrarlo estemos a los pies de los caballos. La etapa pasada, en fin, la decadente etapa que aún soportamos, si Dios nos echa una mano para salir pronto de los cuidados paliativos, terminaremos guardándola en el baúl de las tristes nostalgias. Resultó ser una ladronzuela que se nos coló por el resquicio de nuestra puerta mal cerrada. Y como ya ha llegado la primavera y estoy llenando folios con poemas, y como en mi espacio no cabe uno completo, al menos intercalo una línea para homenajearla : ...Deja que riña el Senado / Deja que riña el Congreso / mientras sigan respetando / el instante que ha mediado / entre tu beso, y mi beso. 



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