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Editorial

La buena salud de algunas firmas del sector agroalimentario

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Historia y tradición no han sido un freno para innovar, investigar y salir por todo el mundo

Hay provincias que presumen de productos siderúrgicos, de fabricas textiles o del trabajo con vidrio, por citar solo unos ejemplos. Palencia puede hacerlo, y con la cabeza muy alta, de su sector agroalimentario, en el que sobresalen varias empresas por facturación, porfolio, innovación y presencia nacional e internacional. Una de ellas es Trapa, firma señera en el ámbito de los bombones españoles, donde fue pionera nacional en los años sesenta del pasado siglo. Aparte de tener el aval de más de ciento treinta años de historia, de fijar su origen en el trabajo de los monjes cistercienses del monasterio de San Isidro, duchos como pocos en la elaboración de chocolate, y a pesar de algunos avatares y circunstancias menos positivas, pero por fortuna, solventadas hace ya tiempo, tiene para los palentinos una sonoridad especial. 

El olor a galletas que endulza el aire en el norte de la provincia, la calidad de los quesos que se elaboran en las distintas comarcas, las saludables mieles de la montaña y la llanura, la variedad de conservas vegetales y de pescado, la fortaleza de las legumbres y de las hortalizas con sello propio y variedad autóctona, la sabrosa tradición de las morcillas, los embutidos y las cecinas; la innovación en la crianza, la preparación y la presentación de productos de corral y granja o la amplísima variedad de los patés, por no hablar de las exquisiteces dulces, de los buenos panes de pueblo, de los vinos, orujos y licores y sin olvidar, por supuesto, ese lechazo churro que tan bien nos define, conforman junto con un recetario tradicional que se ha ido enriqueciendo con toques actuales, las fortalezas agroalimentarias de Palencia. Y a todas ellas se suma la calidad de Chocolates Trapa, que tiene 290 referencias, de las que sesenta se han lanzado en los dos últimos años y que en una década ha multiplicado por diez su facturación, de la mano del Grupo Fernández Calvo, y está en toda España con ciento veinte distribuidores y en más de cincuenta países,  

 De aquella primera fábrica de chocolates que pusieron en marcha los trapenses en el invierno de 1891 en el monasterio de San Isidro de Dueñas a las modernas y renovadas instalaciones -ubicadas enfrente del complejo conventual, al otro lado de la autovía- el camino ha sido largo, pero sin apartarse un ápice del objetivo de calidad y sumando a lo largo de los años conceptos como los de investigación, innovación y desarrollo. Si decir Aguilar es oler galletas, decir Dueñas es saborear chocolate. En ambos casos con un carácter familiar, entrañable e histórico y en ambos casos con un fuerte componente de internacionalización y paseando el apellido palentino como enseña de confianza. Brindemos por otros 130 largos años de producción.