Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


Impeorable

30/06/2020

Leyendo a Peter Handke me di cuenta de que mi vida poco ha sido desde que se disolvió la cuidada biblioteca. Mis circunstancias personales me han hecho olvidarla. Abandonos amorosos, traslados, pérdidas, los jetas que te piden un libro en el momento en que no se le puedes negar…. Lo cierto es que tu alma se ha roto, vivencias recogidas bajo la forma de escritura durante muchos años, se han ido en un viaje sin retorno.
Era valioso un tratado de los órdenes arquitectónicos de Vignola, porque contenía un reglamento ciudadano que era el resumen de todos los avances de las ciudades españolas a final del siglo XIX: el abandono del gas con la llegada de la electricidad, las normas de alcantarillado en nuevas poblaciones, los diseños novedosos de trazados urbanos, todo un conjunto de desarrollo ya pasado, que como un vademecum situaba mis historias. Aquel tomo de tapas acartonadas verdes, se lo quedó mi primera esposa. Seguro que nunca lo abrió y quizá hoy descanse en alguna estantería que lo recibió. 
Pero eso no fue lo más grave, sino la pérdida de otro Vignola, un incunable impreso a mano con las portadas de pergamino, una joya de inmenso valor que había sido adquirido por mi bisabuelo en la desamortización de Mendizábal a la biblioteca de los monjes de San Benito en Valladolid. Era tan interesante que sorprendió al cátedro De La Plaza y donde había escrito en un margen un fanático fraile con letra de pluma de animal y tinta sepia que no podía ser tanta belleza y por eso el Tratado era obra del mismo diablo.
Aquel libro fue admirado por mis profesores arquitectos en Valencia, porque lo tuve siempre bien cuidado para copiar los órdenes, ya que fue, a pesar de su antigüedad y vejez, mi maestro de dibujo técnico. Este lo posee mi mejor amante, la mujer madura de Stephen Vizinczey, gran amor frío y sensible en el abandono. Ella tiene también textos del Círculo de Viena irrecuperables, obras de simbolismo de lenguaje y estudios sobre su estructura, catálogos de importantes exposiciones, obras de arte, muebles antiguos, recuerdos de valor y otros que no son sino textos del alma, cuya pérdida me ha producido enorme dolor y cuya apropiación solo tuvo su causa en él. Pero preferí seguir viviendo a no vivir, eso sí hubiese sido impeorable.



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