A vuela pluma

Elisa Docio Herrero


¿Quiénes son esos tipejos? 

10/01/2021

¿Quiénes componen la mara violenta y descontrolada que ha asaltado el Capitolio? Parece que se da una tipología muy concreta en esos energúmenos que han escrito una página negrísima en la historia mundial y han bajado de su pedestal a la autoproclamada potencia económica mundial y madre de todos derechos humanos (teóricos). El grueso de los exaltados pertenece a generaciones de descendientes de los primeros colonizadores. Un avezado comentarista los describía como «esos habitantes de barrios en los que a la puerta de las casas se ven coches grandes y destartalados junto con chatarra de lavadoras y hombres holgando». Son los que no han triunfado, hombres blancos tan engreídos como fracasados porque no han podido descollar como otros de su misma procedencia. Llevan dentro un orgullo que no se corresponde con su realidad cotidiana. Han estado tranquilos mientras la nación espoliaba a los indios y los recluía en reservas; liberaba a los esclavos de las plantaciones y los metía en cárcel por casi nada. Ellos, hijos de los que se alistaban voluntarios para ampliar el imperio, no logran salir de la pobreza. Los hispanos les arrebatan los puestos de trabajo, los jueces son negros, hasta un presidente negro. Solo Trump les ha comprendido, primero América, primero el hombre blanco, primero, y por encima de todo, los negocios. Si Trump toca el silbato salen en estampida, rabiosos y enloquecidos, en realidad frustrados, no tienen nada que perder. El calentamiento previo con la leyenda del fraude electoral y la llegada de un presidente sereno, moderado y conciliador son incompatibles. Trump recurre a la violencia porque es su campo, es su fango. Un narcisista nunca pierde, tiene que haber un culpable. Un fascista recurre a la violencia para provocar una intervención y desprestigiar. Es de manual.                               www.elisadocio.com



Las más vistas

Opinión

De libro y sofá

Cuánta falta nos hace abrir la mente a otros mundos para salir de nuestro enclaustramiento mental,