LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Triple salto mortal

08/02/2021

Desde luego, por mucho que lo imaginemos, incluso cuando están en ciernes unas elecciones de la trascendencia que pueden tener en Cataluña y su repercusión en el resto de España, cada mañana nos levantaremos con alguna intervención política que nos asombre. Es como una especie de triple salto mortal circense donde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en esta ocasión, para tratar de despreciar al primer partido de la oposición diga que la ultraderecha tiene más sentido de Estado que el líder popular Pablo Casado.
Está visto que todo vale, aunque se argumente una tesis y, en dos horas, se recurra a lo contrario, pero en esta ocasión el noqueado por el efecto del matrimonio de conveniencia de la sesión de control fue Casado, que no para de disgustos, aunque mire para otro lado cada vez que escucha el nombre de Bárcenas. No ha encontrado su hueco y se va a perder en el propio laberinto que teje cada jornada, todo por aspirar a recolectar votos de gran parte del electorado desde lo más ultra, que han sido sus votantes, pasando por un grado menor, pero dentro del conservadurismo, hasta los que se aproximan al centro. Esta indefinición le puede costar muy cara, incluso para su futuro.
Sánchez debió de bajar de la columna, símbolo de poder, y negociar con el conjunto de las fuerzas políticas el decreto ley para la gobernanza de los fondos europeos, sin necesidad de tener que legitimar a los radicales por hacerle el favor de abstenerse, pero también quienes tienen opción de gobernar y aquellos que se dicen liberales tendrían que haber hecho un esfuerzo por adoptar una posición seria, huyendo del momento electoral, por cierto, de unos comicios catalanes que penden de un hilo porque no hay en este momento puesto más reclamado que el de miembro de una mesa de votaciones para el 14 de febrero. 
Luego, no está bien ocultar que ha habido un informe previo del Consejo de Estado, aunque se hayan seguido algunas recomendaciones y no sea vinculante, la más elementales normas de trasparencia obligan a hablar de ello en la Cámara, de lo contrario está provocando que todo el mundo sospeche de que el Ejecutivo esté haciendo mal las tareas en este campo. 
Todo en un entorno en el que parece que se relativizan las cifras de muertos y enfermos por covid, en una trágica tercera ola, con vacunas mermadas y contratos opacos, donde ya no solo no puede haber despedidas a los seres queridos sino que, incluso, aquellos que aún pueden hablar se ven amenazados de que no les van a dejar utilizar el teléfono móvil no sea que vayan a informar a su familia que les van a trasladar al hospital que mandó construir Ayuso. Y no se olvide la próxima bronca entre la coalición a costa de la ley trans. Reconociendo el derecho de quien quiera pertenecer al sexo diferente con el que le identifican desde su nacimiento, entra en el ámbito de la generalidad que sea suficiente con elegir solo el género. Lleva razón la vicepresidenta Calvo cuando habla de ausencia de seguridad jurídica. Y aún queda campaña.