Algo más que palabras

Víctor Corcoba


Ser tolerantes

17/11/2020

Ser tolerantes es una obligación de todos y de cada uno de nosotros; si en verdad queremos hacer del planeta el paraíso con el que soñamos. Hay que ejemplarizar liderazgos y realidades, gobernar coherentemente, sirviendo al bien colectivo sobre todo lo demás, aplicando las leyes sobre derechos humanos, prohibiendo actitudes criminales y corruptas, no permitiendo las discriminaciones contra las minorías, propiciando otras atmósferas más justas, que nos insten a la realización plena, que verdaderamente es lo que nos armoniza, activando el pensamiento crítico y el intercambio de ideas constructivas. 
Hay que ponerse el objetivo de que no quede nadie en el olvido, si en verdad queremos construir un orbe de moradores en paz, comenzando por mejorar el sistema de salud global y finalizando por aprovechar este tiempo de avances de la revolución digital para acercarnos mucho más unos a otros.
En ocasiones, la intolerancia emana de un espíritu poco instruido en principios y valores, de la ausencia de voluntad comprensiva, del recelo a lo inexplorado y de un profundo sentido extremado del valor de lo propio, lo que nos hace ser verdaderamente egoístas e intransigentes. Hoy más que nunca, hace falta que los planes educativos se orienten en la formación humana del ser, al menos para que podamos tener continuidad como linaje. Estamos llamados a tomar conciencia de nuestra misión, que ha de ser siempre responsable; y esto tiene mucho que ver con nuestro propio crecimiento moral, espiritual y social. Es vital, por consiguiente, educar sobre el tema y enseñar el espíritu indulgente y los derechos humanos a los menores. 
El sectarismo se acrecienta aún más cuando se usa con fines partidistas. Cada día son más los ciudadanos que piensan en la política para sus anhelos de poder. Usan argumentos embaucadores, manipulan hechos para contribuir a sus  propias ganancias e intereses mundanos, acentuando odios y resentimientos entre las gentes y obviando aquello por lo que han sido elegidos por el pueblo. 
Así, el progreso no llega a los más débiles, normalmente este injusto globalismo favorece el espíritu de los más fuertes, beneficiándose a sí mismos.