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Editorial

El 'día V' y la necesidad de plantar cara al 'movimiento anti'

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La proximidad del 'día V' arrecia el debate acerca de la voluntariedad en la recepción de la vacuna contra la covid, que por extensión alcanza al resto de potenciales enfermedades que estaban cerca de ser erradicadas hasta que el 'movimiento anti' encontró en las redes sociales un aliado impagable para predicar la ignorancia. Son varios los avisos, más o menos velados, sobre las intenciones de los distintos sistemas de salud -regionales, nacional e internacionales- para fomentar la vacunación masiva y lograr contener la amenaza de la pandemia antes de que la tercera oleada se manifieste con toda su crudeza o, en el peor de los casos, haya una cuarta. La distancia entre un escenario y otro puede medirse en miles de vidas salvadas y en miles de millones de euros ahorrados.

España no cuenta con un ordenamiento jurídico que permita a la administración someter la voluntad del individuo en defensa de la salud comunitaria. Porque eso es lo que está en juego cuando alguien rechaza voluntariamente el acceso a un tratamiento profiláctico aprobado por la agencia de supervisión más exigente del mundo, la Agencia Europea de Medicamentos. Invadir las libertades individuales no es algo que seduzca al legislador ni a la sociedad a la que sirve, pero la covid es muy contagiosa y potencialmente mortal, por eso hay usos y costumbres que cambiarán para siempre y de forma irreversible. Como mínimo, el mundo ya sabe que un virus puede someter a cualquier estado, cuando no a todos, y puede hacerlo en cuestión de semanas. La reacción internacional a las noticias sobre la 'cepa británica' es el ejemplo palmario de que algo ha cambiado. Países que, como España, tardaron semanas o incluso meses en cerrar sus conexiones aéreas con los focos primigenios del coronavirus han reaccionado en esta ocasión en cuestión de horas. La guardia está alta.

Lo inmediato ahora es vencer a la pandemia y solo después llegará la fase de recuperación. Si todo va según el libro, la primavera podría ser un periodo de respiro para el frente sanitario y constituir el inicio de la reconstrucción económica, que cada día tiene menos cimientos y más cenizas. Ese anhelado cambio de escenario debe ser también el contexto de una revisión en profundidad de qué podremos evitar en las décadas venideras, pues la amenaza sanitaria, inherente a una globalización vertiginosa, seguirá latente de una forma u otra. Y sí, España debe sumarse al bloque de los países de su entorno que ya están diseñando acciones para limitar los movimientos de quienes se nieguen a vacunarse. La libertad es un bien supremo y un derecho natural, pero solo hasta que invade el de la vida ajena.