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Antonio Álamo

Antonio Álamo


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17/11/2022

 Hace tres días, el lunes, se presentó en el Ayuntamiento de Valladolid un libro con tantas virtudes como las de las tonalidades cromáticas que atesoran las cajas especiales de acuarelas Schmincke… su contenido es un deleite. En el caso del volumen –Máximo Regidor. Literatura y crítica social más allá del periodismo (1960-1996) hay que atribuírselas a los desvelos de Paz Altés, directora del Centro de Publicaciones y Programas de Promoción del Libro de la corporación municipal. Y también al editor de la publicación, José Delfín Val. Por lo pronto está deliciosamente cuidado y aborda el trabajo de una persona que sigue por ahí, entre nosotros, detalle digno de agradecer en un país donde el reconocimiento solo se otorga a los muertos. Que le pregunten a Alfredo Pérez Rubalcaba. El título es esclarecedor y de su contenido tal vez corresponda a los especialistas la labor de invitar a adentrarse en una producción literaria que estaba dispersa y que gracias a una inquietud personal va a alcanzar una enorme proyección. Luego hay detalles curiosos… las imágenes que incluye, pero no precisamente las de personajes de la vida pública sino más bien las que corresponden a ilustraciones de artistas. Y esa es otra sorpresa que quizá llame la atención a los palentinos porque en esta obra aparecen numerosas obras de dos artistas con raíces palentinas. Se trata de Félix Cuadrado Lomas, vinculado a Calzada de los Molinos gracias a su madre, y de Jesús Meneses, para quien Villamuriel y Dueñas fueron referencias vitales. Ambos ilustraron trabajos de Máximo Regidor y gracias a este libro mucha gente lo descubrirá. De actualidad también está la obra pictórica del segundo, del acuarelista palentino, un enamorado del ocre amarillo que pintaba en Dueñas a cualquier hora del día y en medio del silencio, porque en estas fechas se desarrolla una muestra antológica de su obra. Cuando cosas como estas, entiéndase la presentación del libro y la exposición, coinciden en el tiempo y además muestran puntos en común, resulta fácil afrontar con cierta tranquilidad de espíritu la posibilidad de ser arrollado por uno de esos peatones que deambulan ensimismados tecleando a saber qué por wasap. Quizá irradiando otro tipo de cultura.