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Emprendimiento vitivinícola

Jesús Hoyos
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El palentino Álvaro Mélida ha creado una bodega en Alba de Cerrato, con capacidad para 15.000 kilos de uva y 1,5 hectáreas de viñedo propio

Emprendimiento vitivinícola

Recuerda, desde pequeño, que su padre tenía como afición cuidar y sacar adelante un antiguo viñedo, propiedad de su abuelo materno en Becerril de Campos. No tenían los medios para elaborar vino, así que vendían lo recogido a un productor de aguardiente local. Para hacer realidad el sueño de su padre de hacer vino, comercializarlo con marca propia y ver el resultado de su trabajo en una botella, Álvaro Mélida y su padre decidieron hace 14 años comprar unos terrenos y plantar un viñedo en Alba de Cerrato para hacer vino propio.

Desde pequeño iba a corretear por esas tierras. «También a echar una mano, o a estorbar», recuerda Mélida, de 27 años, quien poco a poco se fue mentalizando de que todo aquello podría ocurrir. «Soy informático y no tengo nada que ver con esto, pero con interés y acudiendo a cursos de vino o poda, me fui metiendo en este mundillo», explica.

Con el tiempo, decidieron reformar el corral que su abuelo tenía en Alba y acondicionar allí una bodega con la idea de tener todo listo en 2019. Ese mismo año se inscribieron en un concurso de vinos no comerciales, celebrado en Cigales, en el que también participaban vinos con uvas de la DO Cigales, Bierzo y Rueda. «Conseguimos el premio al mejor vino tinto y, meses más tarde, ganamos en Dueñas», rememora.

Tras esos éxitos amateur, era el momento de ver el sueño cumplido, pero no llegaron a tiempo a la fecha marcada, y la nueva meta, marzo de 2020, también se vio truncada. Era el momento en que el vino más joven de la cosecha del año anterior podría sacarse al mercado. «Pero llegó la pandemia y decidimos paralizarlo. Esa uva nos la quedamos para consumo propio. El viñedo siguió dando sus frutos y recolectamos lo de 2020, con el objetivo puesto entonces en 2021», explica Mélida, quien plantó en mayo del año pasado una hectárea más de viñedo, «aprovechando la pandemia y ganando un año en el crecimiento de las plantas».

Todo ya está en marcha, y Bodegas Carreprado está en las tiendas con marca propia dando salida a esa cosecha. Son 1,5 hectáreas de viñedo propio. Además, compran uva de Cevico de la Torre, fuera de denominación.  «Verificamos que la uva de este vinicultor sea la que queremos y esté sana. El clima de ambos pueblos es prácticamente el mismo por la distancia, así que conseguimos que el vino de las dos uvas sea casi exacto», subraya.

Esta misma semana comienza su vendimia. La harán a mano él y su padre hasta el domingo. Tras recoger 3.000 kilos en 2020, los nuevos depósitos que han instalado en la bodega les permitirán almacenar casi 15.000.

Prevén que la recolección sea de unos 5.000 propios y otros 5.000 de fuera. «Cuando el viñedo más joven empiece a dar sus frutos, solo lo nuestro dará unos 12.000 kilos», avanza. Toda la uva es tempranillo y su mercado, de momento, local. «Hemos empezado por la capital y la parte sur de la provincia. A partir de ahí, la idea es ir abriéndonos, buscando Valladolid, León y Burgos, con la ambición de llegar lo más lejos posible», comenta Mélida. 

Tienen terreno para añadir una hectárea más y ampliarlo es «una posibilidad real», al igual que llevar viñedos de otros pueblos y «controlarlos de forma íntegra desde la poda hasta la vendimia», añade.

Se han puesto en marcha para que su bodega Carreprado, Alba, el Cerrato y Palencia «sean conocidos por vinos de calidad».