«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»

A. Benito
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Accesibilidad, cercanía y presencia en el medio en el que viven los niños y sus familias son para la pediatra palentina Carmen Villaizán las grandes fortalezas de la Atención Primaria. La falta de recursos, materiales y humanos, su mayor debilidad

«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»

Su padre es natural de Barruelo y su madre de Villovieco. Ella, sin embargo, creció en Palencia. Oriunda de la zona de San Lázaro, Carmen Villaizán estudió en las Angelinas y después hizo COU en los Maristas. Su salida a la facultad se produjo en una época de continuas huelgas, por lo que sus padres la animaron a estudiar en un centro privado. Eso fue lo que le hizo decantarse por la Universidad de Navarra. Allí cursó Medicina y se especializó en Pediatría, para posteriormente empezar a trabajar en Atención Primaria, un servicio al que llegó por casualidad y del que acabó enamorándose.


Madre de dos hijos «tan navarros que se llaman Leire y Javier», Villaizán y su marido cambiaron Pamplona por Toledo al hilo de unas oposiciones. «Él es de Jaén y quería ir al sur; yo prefería el norte para estar cerca de mi familia, así que cogimos un mapa y buscamos un lugar equidistante de ambas ciudades. En el punto medio está la virtud, ¿no?», comenta esta profesional, vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatras de Atención Primaria, con la que Diario Palentino dialoga sobre distintos temas de interés. 


¿Qué la animó a estudiar Medicina y a especializarse en Pediatra?
«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»En mi familia no había médicos, mi padre era veterinario y mi madre maestra de Preescolar, pero siempre han dicho que desde pequeña quise curar niños. Ahora, con la experiencia de los años, creo que lo que me llevó a elegir esta profesión fue el deseo de estar cerca de las personas, de hacer algo por ellas y de trabajar en equipo. La Pediatría es una carrera muy satisfactoria, que supone un contacto personal con los niños y con sus familias, que te obliga a estar muy activa. No es un oficio sedentario,  por así decirlo, aunque creo que hoy en día ninguno lo es, pero algunos avanzan más deprisa. 


Entonces lo suyo es una mezcla de las vocaciones de sus padres. Lo sanitario le viene de su padre y tratar con niños de su madre
Pues no lo había pensado nunca así, pero, efectivamente, es verdad.


«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»Actualmente, trabaja usted en el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha y, más concretamente, en Atención Primaria, que es la principal puerta de entrada de los pacientes al sistema sanitario. ¿Cuáles diría que son sus fortalezas y debilidades?
Yo creo que lo más importante de la Atención Primaria es que ejercemos la Pediatría en la comunidad donde el niño y su familia se desarrollan y viven. Estamos en el medio en el que ellos están, cerca de su casa; somos muy accesibles y, lo más importantes, damos una atención longitudinal, ya que vemos a los niños desde que nacen y  los dejamos cuando son ya adolescentes. Hay que tener en cuenta, además, que la enfermedad en la Atención Primaria no es solamente física, sino que puede reflejar algo que está ocurriendo en la familia, con los amigos, en el colegio... Nosotros somos los que conocemos al niño y su entorno, de ahí que sea nuestra labor captar estos problemas.
Por otro lado, el trabajo de la Atención Primaria no es solo pasar consulta en el centro de salud. También nos desplazamos a los colegios y a los centros sociales para dar charlas o llevar a cabo diferentes formaciones. Es decir, salimos a la calle.
«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»«Somos pocos pediatras por eso creo que hay que centralizar»Con respecto a las debilidades, son generalizadas y se concretan en la falta de recursos materiales y humanos. Hay muy poco personal para el volumen de población que tenemos que atender y eso, entre otras cosas, se debe a que la Atención Primaria siempre ha estado por detrás de la asistencia hospitalaria, no se ha invertido en ella. Prometo que no lo llevaba preparado, pero en la entrevista que me hizo recientemente Carlos Alsina, me referí a ella como la bella desconocida. Me salió el inconsciente, pero bueno, lo que quería decir es que tenemos grandes posibilidades, aunque no se nos valore lo suficiente. 


También es usted vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Dar a conocer esta gran labor será una de sus funciones, pero ¿en qué se concreta exactamente su trabajo?
La asociación reúne a pediatras de Atención Primaria y también a algunas enfermeras, así como a médicos que se dedican a atender a los niños. Somos cerca de 5.000 socios y lo que se pretende es dar visibilidad a las necesidades de los profesionales que trabajan en este sector. Para ello, recogemos todo tipo de problemas, quejas o inquietudes, realizamos labores de investigación, coordinamos actividades con otras sociedades científicas, participamos en comisiones con la administración... Como es una asociación grande, tenemos la vicepresidencia dividida y yo me encargo de todo lo que tiene que ver con docencia y formación. Como siempre me gustó hablar... (ríe)


En Castilla y León, y también en Palencia, se han producido grandes recortes en Sanidad, sobre todo en el medio rural y, por tanto, en Atención Primaria. Listas de espera interminables en los centros de salud, falta de profesionales, cierre de consultorios y suspensión de las guardias médicas. ¿Conoce la problemática? ¿Se dan situaciones similares en la región en la que usted trabaja?
Sí, estas situaciones se repiten. En  Castilla-La Mancha tenemos el problema de la dispersión. En el caso de los pediatras, somos pocos y no llegamos a cubrir todas las plazas, de tal forma que las más perjudicadas son aquellas cuyas condiciones laborales son peores. 
Desde la asociación vemos que la solución está en hacerlas más atractivas, bien con incentivos económicos o en el currículum, bien facilitando la conciliación familiar con horarios más flexibles. También apoyamos la centralización, aunque esta opción no le gusta mucho a las familias. No obstante, creo que se puede llegar a una situación de equilibrio entre lo que se ofrece y lo que la población necesita. En nuestra opinión, centralizar los pediatras en un centro de salud de cabecera que disponga de un equipo, hace que la atención sea mucho mejor, con horarios más amplios todos los días de la semana. Eso no quita para que para ciertas actividades, los profesionales se puedan desplazar.  


De lo que no cabe duda es de que hay que reestructurar la Sanidad, puesto que la España de hoy en día no tiene nada que ver con la de hace unos años
Claro, y también creo que en las comisiones de trabajo debería haber médicos, familias y alcaldes para adaptar los modelos a las necesidades de las poblaciones. Hay que tener una mentalidad abierta, pero creo que la idea de tratar de cubrir todas las plazas no tiene futuro, porque no hay profesionales suficientes y porque eso implicaría un horario recortado de atención. De cara a la salud, es mejor aumentar la oferta.


En la Montaña Palentina, por ejemplo, no hay un solo especialista en Pediatría, y lo mismo ocurre en otras comarcas. Como solución, son los médicos de cabecera los que atienden a los niños. ¿Qué opinión le merece esta alternativa? 
Castilla y León no es una de las peores comunidades en cuanto a plazas no cubiertas de Pediatría. Palencia anda alrededor del 5 por ciento. En Baleares, la cifra ronda el 50 por ciento, o sea, que no es una situación mala. El problema que yo veo es geográfico, pero, por ejemplo, en Asturias hay pediatras con cupos muy pequeños y eso tampoco es bueno. En la medicina, además de conocimientos, es muy importante adquirir esa experiencia que se gana tratando pacientes. Por eso, insisto, en las zonas dispersas la centralización es una buena opción. 
Con respecto a los médicos que no son pediatras y ejercen de ello, me consta que la mayoría se preocupan por formarse. Sin embargo, el que se ha especializado en tratar a los niños es el pediatra, igual que un cardiólogo es el mejor  formado para tratar  los problemas del corazón. Y, por supuesto, también requiere unas habilidades concretas. Los niños necesitan una determinada forma de hablar y, a veces, su cara dice mucho de su sufrimiento. Todo se puede aprender, pero los que nos hemos formado para esto somos nosotros, eso está claro. 


Desde la Junta de Castilla y León aseguran que es complicado encontrar profesionales que quieran trabajar en el medio rural. ¿Comparte esta visión? ¿Cómo cree que afecta esta situación a la salud de los vecinos de los pueblos?
Todos los niños y todas las familias tienen derecho a la misma atención. Lo que tenemos que evitar son desigualdades y eso es lo que nos debe motivar a la hora de buscar soluciones. Es lógico que las familias de un centro rural se molesten y piensen por qué sus hijos no tienen las mismas posibilidades de atención que un niño que vive en Palencia. Lo importante es que haya voluntad por parte de la administración. 
Aquí todos los partidos llevan en su programa electoral que van a poner un pediatra y eso, hoy por hoy, no puede ser. Ojalá hubiera más pediatras, pero mientras no los haya habrá que buscar otras soluciones, como aumentar las plazas MIR o que los residentes de Pediatría se interesen por la Atención Primaria. 


Con respecto a la situación actual, ¿cómo cree que puede haber afectado el confinamiento a los niños?
No tenemos una evidencia ni datos previos, pero según mi experiencia y la de muchos otros pediatras, la capacidad de adaptación de los niños es tremenda. Su cerebro tiene una gran plasticidad, nos asombra lo bien que se han portado. Lo que sí hemos percibido desde Semana Santa hacia acá es que están un poco cansados, tanto los niños como los padres. Sin embargo, creo que hay que tratar de ver las cosas en positivo y esta situación ha sido también una oportunidad para pasar más tiempo juntos.
Por otro lado, no estamos teniendo consultas por problemas graves. El mayor temor es que síntomas como la tos, la fiebre o la gastroenteritis deriven de una infección por coronavirus, sobre todo en hogares en los que viven los abuelos. También puede haber familias que hayan perdido los buenos hábitos alimenticios u otras a las que se lo hayan impedido las dificultades económicas.  Algunos nos han comentado problemas de sueño y los adolescentes están un poco nerviosos, pero nada más.


¿Qué puede decir de esa circular interna de la Asociación Española de Pediatría que se ha filtrado y que alerta a los profesionales de un acúmulo de casos de shock pediátrico?
Hay muy pocos casos, son graves pero aún no se pueden atribuir al coronavirus. El documento tenía el objetivo de avisar a los pediatras de Atención Primaria. Algunos son covid positivo y otros no, por eso hay que ser prudentes antes de atribuir al coronavirus la causa de ese proceso.


Hace una semana, los niños salieron a la calle después de 43 días en casa. ¿Cómo valora la medida?
Lo primero es garantizar la salud y evitar los contagios, pero si la situación epidemiológica lo permite, y parece que así es, creo que las salidas son positivas. Los niños tienen que moverse, hacer actividad física y tomar el sol, sobre todo los que no tienen terraza o jardín. 


Cambiando de tema, ¿qué opina del movimiento antivacunas?
Creo que, en la gran mayoría de los casos, esta postura se debe a una falta de conocimiento o a una visión muy sesgada de lo que son las vacunas. Eso sí, considero que la forma de tratar con estos padres es evitar el enfrentamiento. Hay padres muy radicales, pero otros aceptan retrasar algunas vacunas y así es como vamos avanzando. 
Ahora mismo estamos viendo lo que puede llegar a hacer un virus para el que no hay vacuna. ¿Qué pasaría si tampoco la hubiera para otros muchos? En cualquier caso, se trata de un movimiento minoritario, al menos en España, pero hace mucho ruido.  Estamos viendo lo que ha hecho un virus para el que no hay vacunas. 


¿En qué cree que ha evolucionado más estos años la Pediatría?
Antes, la Pediatría se dedicaba al tratamiento de la infección y del proceso agudo. Ahora, aunque nos seguimos ocupando de eso, también nos encargamos del paciente, niño o adolescente, enfermo crónico. Están apareciendo nuevas comorbilidades, nuevas patologías sociales, familiares, relacionadas con las nuevas tecnologías... Y cada vez hay más seguimiento, más prevención. La Pediatría de Atención Primaria está cada día más enfocada en promover hábitos saludables, una alimentación sana, el ejercicio físico o el buen uso de las pantallas, entre otras cosas.
La atención que damos no es solo física, sino también social y psíquica. Los procesos infecciosos siguen siendo el principal motivo de consulta, pero las nuevas perspectivas de diagnóstico y tratamiento ya están en esa línea de atención integral desde una visión global.


Dicho de otro modo, los problemas de los pacientes más jóvenes no tienen nada que ver con los de hace unos años y eso, presumiblemente, deriva en enfermedades distintas. ¿En qué se diferencian los niños de ayer de los de hoy?
Ahora mismo la enfermedad crónica más importante en los niños es la obesidad y después el asma. En Atención Primaria también nos hacemos cargo de los problemas de conducta derivados del hogar o del colegio. Hay niños inmigrantes y niños refugiados que, a veces, sufren marginación. Ahora, con el confinamiento, hay familias encerradas, no en un piso, sino en una habitación, compartiendo baño y cocina. Hace unos años tenía tanto peso el proceso infeccioso que a todo esto no se le daba importancia. 


En cuanto a las necesidades de los profesionales, ¿cuáles son?
La residencia de Pediatría son cuatro años, de los cuales hay una rotación obligatoria de tres meses en Atención Primaria, por lo tanto, el resto del tiempo es una formación eminentemente hospitalaria. Tres meses es muy poco tiempo y una persona que no conoce sus posibilidades, no puede apreciar la Atención Primaria.
Somos pocos porque casi todos los residentes cuando acaban la especialidad se quedan en el hospital. Eso hace que no todas las plazas estén cubiertas por pediatras y que el número de niños que tenemos que atender  sea mayor. Es la pescadilla que se muerde la cola. 
Como dato, de todos los residentes que salen al año, solo un 30 por ciento va a Atención Primaria. En Castilla y León, la cifra es del 22 por ciento.


Como trabajadora de la Atención Primaria, ¿qué nota daría a su gestión y cuál a sus profesionales?
Todos los profesionales de Atención Primaria se merecen un sobresaliente. La verdad es que somos personas muy entregadas. En la pandemia hemos hecho una labor de contención tremenda, lo que pasa es que lo que sale en los medios son los casos graves. La puntita del iceberg es la que está en el hospital, pero la parte grande es la de la Atención Primaria.
Dicen que la Sanidad española es una de las mejores del mundo y yo creo que es porque tiene la mejor Atención Primaria. Formo parte de la Confederación Europea de Atención Primaria y nos lo reconocen otros países, así que podemos presumir.
A los gestores, les ponemos un regular, creo que deberían pelear más por la Atención Primaria. Tendrían que escuchar a sus profesionales y creer más en las posibilidades de este servicio. 


¿Cómo le gustaría ver la Atención Primaria de aquí a unos años?
Con más protagonismo, más medios y una mayor responsabilidad frente al paciente. 


Para finalizar, una pregunta personal, ¿qué echa de menos de Palencia?
Lo que más echo de menos es a la familia, aunque toda Palencia es familiar. También extraño  las reuniones con mis amigas de siempre o pasear de puente a puente junto a la orilla del río. 
Me gusta mucho la Tierra de Campos y, lo confieso, me encanta la morcilla palentina.