"No hemos encontrado arrepentimiento en ningún entrevistado"

Juana Samanes
-

Valentía. El realizador vasco firma un gran trabajo sobre una de las páginas más negras de Euskadi y denuncia que todavía queda muchísimo por hacer

"No hemos encontrado arrepentimiento en ningún entrevistado"

Por amor a la verdad y a su tierra, el País Vasco, Iñaki Arteta lleva denunciando, desde hace 20 años, lo que condujo a que Euskadi y Navarra se convirtieran, durante décadas, en lugares donde la convivencia pacífica era imposible por la violencia desatada por la banda terrorista ETA. Nueve años después del cese de actividad ha querido indagar si ha habido cambios en su documental Bajo el silencio, que está teniendo muchos problemas para exhibirse. 


Su documental ofrece una visión actual de Euskadi demoledora debido a que sigue imperando la falta de libertad de expresión y el miedo, que conducen al silencio. ¿Cuando concibió este documental usted imaginaba que esto seguía igual?
El punto de partida empezó hace cuatro años. Quería saber qué había ocurrido tras el cese de actividad de ETA, en 2011, y descubrimos que bajo esa aparente tranquilidad, se escondía una realidad más difícil de ver desde fuera de Euskadi y Navarra y eso merecía una película. Las cosas de fondo no han cambiado, no solo porque siguen gobernando los nacionalistas, que solo han hecho pequeñas modificaciones del discurso, sino porque en la izquierda abertzale no ha cambiado nada, solo las siglas. La pretensión, desde el Gobierno central, de que no haya ni vencedores ni vencidos ha dado lugar a una situación extraña.


Una de las muestras de esa falta de libertad es el testimonio del estudiante que recibió una paliza en el campus de Vitoria, de la Universidad Pública del País Vasco, por compañeros abertzales, que la rectora consideró un mero incidente.
Ese chico se acababa de reunir, por primera vez, con otros para fundar, dentro de la universidad, un grupo constitucionalista y, entre otras cosas, querían pedir que se borrasen las pintadas de contenido abertzale, que se retiraran los carteles, dentro del recinto de la Universidad. Pero esa iniciativa se acabó el mismo día que iba a nacer tras esa paliza, con lo que ya se ve por quién está tomada la Universidad.


El discurso abertzale sigue siendo el mismo. ¿Por qué no ha cambiado?
La izquierda abertzale no ha cambiado el discurso porque no se lo han exigido ni condenado sus acciones, y así ellos han intentado blanquear su pasado y que se olviden de lo que hicieron. Cuando concebimos esta película teníamos esperanza de encontrar cierta humanidad, cierto arrepentimiento, en alguno de los que íbamos a entrevistar, pero no lo hemos encontrado. 


Asombra la ignorancia de los jóvenes estudiantes vascos sobre los asesinatos cometidos por ETA.
Sorprende pero, al poco de terminar esta película, ha salido publicada esa encuesta a jóvenes de toda España que no tienen ni idea de la Historia de su país ni del terrorismo que la aquejó. Da algo de pena porque vivimos inmersos en unas falsedades que provocan confusión. Mucho se debe a la ignorancia de los adultos, sobre el nacionalismo, el terrorismo y las víctimas y lo que han transmitido a sus hijos.


En algunas series sobre ETA se hace un tratamiento de imágenes cuando menos cuestionable. ¿Cómo concibe usted su cine?
Yo hago películas sin buscar la conveniencia de lo que puede vender más. A mí me preocupa contar la Historia de una forma honesta. Mi película incomoda porque lo que se ve ocurre a día de hoy. Las polémicas declaraciones del sacerdote de Lemona las filmamos este mismo año.


¿ Y al filmar Bajo el silencio ha encontrado algo esperanzador?
Yo creo que la presencia del propio conductor, el periodista Felipe Larach, que es joven no vasco que tiene interés por saber, por conocer la verdad, algo que debe ser una virtud de la juventud.