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Jesús Mateo Pinilla

Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


Abolir la prostitución

12/04/2022

Ha caído en mis manos el libro de Amelia Tiganus, La revuelta de las putas. Es un texto de una chica rumana exprostituta, hoy activista contra la prostitución a la que considera siempre como explotación sexual. En él se plantea la abolición de la prostitución, no la solución de liberalizarla, legalizarla, sanearla y controlarla y tampoco otras terceras vías. 
Y quiere prescindir de ella porque los hombres somos violadores que actuamos contra las mujeres que se encuentran rotas por una falta de recursos que las lleva al viejo oficio. Esa es la tesis del libro, según el cual el primer proxeneta es el Estado, a quien le interesa la existencia de ese mercado carnal de cinco millones de euros diarios para apaciguar la mente del hombre. 
Pero la verdad es que la lucha de la autora no es por la abolición de la prostitución, sino el desprestigio de la función del padre y hombre, acusándole de violador, de abusador falto de conciencia familiar y social, pretendiendo la muerte del padre como defensor de la familia. En su lugar, y eso no se desarrolla en el libro, se impondría un matriarcado o al menos un patriarcado de uso, padre solo necesario para concebir, en definitiva, un cambio social profundo. 
No les extrañará que el libro haya sido premiado por las huestes o chiringuitos de la Montero.
Este planteamiento desde abajo con un hombre, que paga a la prostituta, dueña de sus decisiones para consentir el acto, es un violador. Ello causa rechazo por gran parte del PSOE y produce la fractura entre el comunismo de Podemos y la social democracia del viejo PSOE.
La demagogia de Podemos, con una generalización y simplificación del problema, ha debilitado la fuerza de un pensamiento con raíces sociales. El discurso de Irene Montero, quien está en perfecto estado de contradicción permanente, se convierte en un lamento de tristeza, desistiendo en la corrección de la minusvaloración del papel de la mujer, lo que hace, con esa postura, flaco favor y daño a su género.
Montero, situando la prostitución como corazón del capitalismo, ha destrozado a las mujeres, trazando una caricatura contra un sistema. Ya no arregla el problema, sobra.