Bartomeu a pesar de todo

Diego Izco
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La dimisión del presidente azulgrana cierra uno de los ciclos más extraños y convulsos en la Historia moderna del Barcelona. El burofax de Messi fue la puntilla a una gestión mediocre y un 2020 para olvidar

El empresario catalán fue considerado por muchos un okupa cuando sustituyó a su antecesor, Sandro Rosell, que había sido investigado por el ‘caso Neymar’, sin convocar elecciones. - Foto: Enric Fontcuberta

Y a pesar de todo, es el tercer presidente más longevo en la Historia del Barça (383 partidos, por debajo de los 395 de Laporta y los 1.175 de Núñez) y bajo su mandato se consiguió el segundo triplete, aquel de Luis Enrique en la 14/15. «A pesar de todo». ¿Qué es ‘todo’?
Todo, en efecto, es un concepto relativo. «Mi padre lo tiene ‘todo’ -decía el niño del chiste en clase de Filosofía-, porque el otro día apareció el novio de mi hermana, un pintas de mil tatuajes y piercings y dijo él: «Lo que me faltaba». Lo que le faltaba al Barcelona para completar su leyenda de club autodestructivo era un Josep Maria Bartomeu (Barcelona, 6 de febrero de 1963) con su particular ‘todo’ para llevar al club a una situación de peligroso equilibrio deportivo y financiero, al borde del colapso, según muchos parámetros. 
Así que el culé medio aparece hasta las narices de casi ‘todo’, entre indignado y resignado con una gestión polémica, nefasta en muchos aspectos, demasiado ruidosa y desafortunada casi de principio a fin de alguien que no supo ni llegar, ni estar, ni irse… aunque, como recordaba Albert Masnou en Sport, esto último no es noticia: «Del Barça nadie se va bien». 
 

El okupa

Sus primeros pasos por la moqueta de la zona noble llegaron de la mano de Joan Laporta, cuando este ganó las elecciones en 2003. Directivo ‘top’, responsable de las secciones de baloncesto, balonmano y hockey… y dimisionario en 2005 por desacuerdos con la gestión del presidente. En la puerta de salida le esperaban otros cuatro directivos irritados, entre ellos Sandro Rosell. Allí empezó a curtirse el asalto al poder en julio de 2010, cuando el empresario que estuvo en prisión y luego fue absuelto arrasa en las elecciones: Bartomeu, ‘mano derecha’, alcanzaba la cima. 
Durante cuatro temporadas ocupó el discreto segundo plano del vicepresidente, hasta que el 23 de enero de 2014 Rosell dimitió cuando el juez Pablo Ruz admite a trámite la querella del llamado ‘caso Neymar’. «En ese momento, actuó como un okupa», aseguraba Joan Laporta hace algún tiempo. Bartomeu se aferró al sillón, no convocó elecciones y se tragó el primer sapo de su Presidencia: la sanción FIFA por infracciones en contrataciones de menores de edad (sin fichajes en dos ventanas). 

 

Éxito... y tormenta

Un año después de la renuncia de Rosell, le estalló en las narices la ‘crisis de Anoeta’: Luis Enrique no alineó a Neymar y Messi, que llegaron tarde de sus descansos navideños, el Barça perdió ante la Real y Bartomeu mostró al pueblo el ‘cadáver’ de Zubizarreta como chivo expiatorio. Como si la destitución de ‘Zubi’ obrase el milagro, el conjunto blaugrana reacciona y alcanza Liga, Copa y Liga de Campeones. Fue el único momento ampliamente luminoso en el mandato del hasta entonces okupa: el éxito deportivo le valió para ganar a Laporta en los comicios de julio de 2015. 25.823 votos (54,6 por ciento) frente a 15.615 (33), una mayoría que ya legitimó la presencia de Bartomeu en el sillón, pero que al tiempo abría una ‘caja de Pandora’ que le convirtió, para no pocos, en el peor presidente de la Historia del Barça. 
El nombre de Neymar, que primero liquidó a Rosell y después perseguiría a Bartomeu, desató los truenos. En 2016, cuando el Barça fue condenado judicialmente por primera vez (por un «error de planificación fiscal en el fichaje del jugador en 2012 y 2013»); y un año después, cuando el club fue incapaz de frenar la salida del brasileño hacia el Paris Saint Germain. Esos 222 millones de euros empujaron la puerta a la decadencia deportiva que no supo encontrar relevo no solo al brasileño, sino a la generación dorada de los pequeños manijeros de la pausa: Xavi, Iniesta… 

 

2020 para olvidar

El resto del planeta tachará 2020 de su memoria por las circunstancias que todos conocemos. Josep Maria Bartomeu se ensañará aún más con el rotulador. Esa tormenta revienta en enero, con la destitución de Valverde tras la Supercopa de España (cuando el Barça era líder en la Liga que terminó perdiendo), a la que prosiguieron las ‘calabazas’ de Xavi y el fichaje de un Setién que poco o nada aportó. Estalló, según desveló la SER, el ‘Barçagate’: la entidad habría contratado a diferentes empresas para criticar a jugadores y técnicos en las redes sociales. Seis directivos dimitieron mes y medio después y aún hoy el Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona está investigando el caso.  
Leo Messi dio la puntilla en la antevíspera de que arrancase la 20/21: un frío burofax y un «Me quiero marchar» sellado unas horas después de que el Barça despidiera por teléfono a Luis Suárez. El último servicio de Bartomeu a la causa fue sujetar al ídolo antes de que la marea de la lógica, la presión popular, deportiva e incluso política, se lo llevase por delante sin necesidad de moción. Ya no podía corregir ningún rumbo aquel que había estrellado la nave.