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Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


Laura Alberich Lucea

23/09/2022

Desde hace algún tiempo vivo en una carrera constante, se me van en un momento los escenarios que prendieron en mi tantas emociones y recuerdos. Ahora el teléfono me twittea de continuo con las cosas que debo comer y leer para no acabar perdiendo la memoria.
Lo curioso es que en ese incesante trajín como viajero vuelvo a encontrarme con rostros conocidos después de tanto tiempo y es cuando verdaderamente se me enciende las bombillas por los momentos tan placenteros que pasé a su lado o, en este caso, admirando su obra.
Cuando llegué al monasterio de Santa María la Real en julio, hace unos días apenas, el primer saludo fue para Cristina Párbole, amiga y colaboradora. Trabaja en aquel lugar al que me he referido en tantas ocasiones, sobre todo por la historia que encierra, también por el empeño de un grupo de personas, liderados por Peridis, que lograron un día recuperarlo para que recogiera el grito de las piedras, que le diera valor a todas las iglesias y ermitas que pueblan el contorno, que fuera una especie de refugio para tanto arte románico como anida en Palencia. A estas alturas ya no voy a fijarme en quienes buscan por todas partes resquicios para la protesta o la negación de quienes pusieron alma, corazón y vida, para que hoy luzca espléndido.
Mi amiga Laura, a la que conocí a través de Mongui, un perro que escribe una guía del románico en Curiosón, venía desde Barcelona con su carro lleno de cuadros frescos, coloridas pinturas que pueden admirar todos los amantes del arte si vienen un día antes del 15 de octubre a Aguilar de Campoo. Laura ha sabido contar la historia de una manera especial, como lo hacen los artistas que tienen alma, no solo inspiración o buena mano, para ver y comprender los gestos de los románicos de aquel momento medieval. Laura, una maestra de la pintura al temple sobre madera, aseguran quienes se han asomado a su obra, sabe profundizar en el entorno donde se movieron los artistas de aquellos días. Yo también la veo recreándose con maestría en aquel tiempo, intuyendo los rostros que no lograron recuperarse en aquella ermita de San Felices de Castillería.