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La crisis dejará secuelas en la salud de los niños españoles

OTR-PRESS
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Un estudio resuelve que los menores que viven en entornos familiares en riesgo de pobreza tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades a largo plazo en la edad adulta

La crisis dejará secuelas en la salud de los niños españoles

La crisis económica está provocando un deterioro de la salud de muchos ciudadanos en España y uno de los grupos más vulnerables y con mayor riesgo son los niños, ya que el impacto se traducirá en una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades a largo plazo que, en muchos casos, se prolongará hasta la edad adulta.

Ésta es una de las principales conclusiones del último informe de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), que ha recopilado diferentes estudios que ponen de manifiesto que los niños que viven en entornos familiares en riesgo de pobreza tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares, trastornos cognitivos y problemas de salud mental de adultos.

«Se conocen ya como los niños de la crisis, y las enfermedades que tienen ahora también tendrán influencia en la edad adulta», aseveró ayer Inmaculada Cortés, una de las editoras del informe.

En España, la tasa de riesgo de pobreza ha aumentado desde 2007, en especial entre la población infantil, según el informe de Sespas, que recoge datos de 2011 que mostraban cómo hasta un 27 por ciento de los menores de 16 años se encontraban en riesgo de vulnerabilidad.

Esto se traduce en problemas de nutrición, la falta de una escolarización temprana y un mal ambiente familiar, ya que muchos de los padres llevan bastante tiempo en paro y hay quienes comienzan a perder la prestación por desempleo, lo que también agrava el riesgo de sufrir trastornos mentales           -principalmente ansiedad y depresión- y acaba afectando a sus descendientes.

Además, el informe recuerda que hay varios estudios epidemiológicos con perspectiva de trayectoria vital que encuentran que las experiencias de pobreza en la infancia tienen efectos negativos sobre la salud a lo largo de la vida, aumentando (entre otros trastornos) el riesgo de retardo de crecimiento, asma y mala salud general en la infancia.

Y de igual modo, el riesgo de estos problemas en la niñez se incrementa cuando la pobreza es crónica y profunda, y sus efectos se manifiestan también en la edad adulta con un mayor riesgo de trastornos crónicos. En concreto, la miseria y la experiencia de hambre en la infancia predicen el deterioro cognitivo, la depresión, las limitaciones funcionales y las discapacidades en las actividades de la vida diaria.  

Esto se debe, como añadió Beatriz González López-Valcárcel, otra de las editoras de este trabajo, a que «los tres primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo futuro de la persona, en términos de productividad, salud y felicidad».

 También es durante la infancia cuando deben adquirirse determinadas habilidades cruciales para el éxito a medio y largo plazo, como son establecer relaciones de apego con los cuidadores, empezar a explorar y comunicar, y aprender a autorregular los pensamientos y las emociones.

Además, estudios recientes también muestran cómo las condiciones en la infancia se asocian con el estado de salud autopercibido en la edad adulta, de modo que estar sano durante la niñez y crecer en un ambiente favorable deriva en un nivel educativo más alto, una mejor salud y un mayor estatus socioeconómico.