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El cuerpo de la bestia

B. D.
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El CRAS de Albillos realiza la necropsia al oso que murió el 5 de junio tras despeñarse durante una pelea con una hembra en la Montaña Palentina. Determinará las lesiones internas que sufrió y recabará muestras genéticas

Nerea, Dani y Álvaro toman medidas al macho. Desde que fue encontrado, el 6 de junio, el cadáver ha permanecido congelado en el CRAS hasta el pasado domingo. - Foto: Patricia

Todo parece asombrosamente humano. Un laboratorio forense, una sala radiológica, toma de muestras para estudios microbiológicos y morfológicos de tejidos, huesos, huellas y pelos... Pero no, no es un CSI al uso. Lo que el equipo de veterinarios y biólogos hizo el día 9 en el Centro de Recuperación de Animales Silvestres de Albillos (CRAS) no es una autopsia (término que solo se aplica al género homo sapiens) sino una necropsia, técnica que se usa para determinar la causa, el mecanismo y el modo en que ha muerto un animal. Como el que reposa sin vida sobre la lona de color naranja en esa sala del CRAS, un espectacular ejemplar de oso pardo adulto de 217 kilos y más de dos metros de altura, que impresiona por su tamaño y su belleza salvaje, sobre todo cuando se puede apreciar a tan escasos centímetros de distancia. 

Se trata del macho que murió el domingo 5 de junio tras despeñarse durante una encarnizada pelea con una hembra y su cría en la Peña Santa Lucía, en la Montaña Palentina. El úrsido atacante, que buscaba matar al osezno para inducir a la madre a un nuevo celo, pereció por la fuerza de la caída, y la osa, aunque débil, sobrevivió y se recogió con su cachorro en una cueva para protegerse y curarse las heridas. Quizá su peso -unos 80 kilos- fue lo que hizo que los golpes fueran más amortiguados. Los expertos barajan la hipótesis de que ese mismo macho ya hubiese matado a un segundo osezno de la misma hembra, ya que se la había visto días antes con dos crías en esa zona de la Cordillera Cantábrica.

Tras dar la alerta la pareja de aficionados a la naturaleza que presenció y grabó los hechos, el cuerpo del macho fue hallado al día siguiente por los agentes medioambientales, tanto de la Fundación del Patrimonio Natural como de la Fundación del Oso Pardo, en una zona próxima a un robledal, a unos 300 metros del lugar en el que se despeñó. «El animal fue ladera abajo y murió poco después de la caída. No había mucho rastro de sangre, con lo cual suponemos que todo fueron daños internos, algo que nos confirmará  la necropsia», explica Álvaro Soto, veterinario forense y director del CRAS de Albillos. Una vez localizado el animal, y tras asegurarse de que estaba muerto (todo el dispositivo se llevó a cabo con agentes de seguridad armados con rifles anestésicos por si estaba herido y había que anestesiarlo) se tomaron las coordenadas, se levantó un acta y se procedió a trasladarlo hasta Albillos, donde se introdujo en la sala de congelación a -18 grados de temperatura.

 Así ha permanecido hasta el pasado domingo, cuando se sacó para descongelarlo e iniciar la necropsia, en la que han participado dos veterinarios y dos peones especialistas. Estos trabajos han llevado dos días. El primero se ha centrado en el examen externo del cadáver y en la toma de medidas biométricas, datos que se introducirán en la base que tiene la Fundación del Patrimonio Natural a fin de conocer más sobre esta especie. La segunda jornada se ha dedicado al análisis interno del cadáver para determinar las lesiones, evaluar el tejido subcutáneo y los grupos musculares, además de la cavidad torácica, la abdominal y si había fracturas de huesos. También se ha intentado fijar la edad del ejemplar, del que se han extraído muestras para archivos genéticos y futuros estudios de la población de osos en la Cordillera Cantábrica que se estima en 300 ejemplares. Cuatro de ellos fueron capturados, y después devueltos a su medio natural, dentro de un proyecto de marcaje para disponer de más información sobre el animal más grande de toda la fauna ibérica.