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Toyi Marcos Sosa

Desde mi ventana

Toyi Marcos Sosa


La temida soledad

14/08/2022

El aislamiento de las personas, especialmente de las más mayores, manifiestamente avanza y, eso, ni es una buena opción, ni una buena solución pues suele traer consecuencias negativas. Este verano, estamos entre dos fuegos; el que quema montes porque no hay ganado que los limpie y el de la asfixiante canícula que en un principio provoca la hipertermia dentro de una confusa soledad. Hay mucha gente mayor que se ha vuelto desconfiada. Libremente o no, se aísla, padece un miedo atroz, en todas partes ve peligro y vive  angustiada. Desde la covid, les está costando  salir de casa y, sin embargo, sabemos que no todas las personas que conocemos o aparecen de repente, están ahí para fastidiarnos que, en tal caso, sí que deberíamos emplear eso que llaman instinto y llegar hasta donde queramos los unos y los otros, ya que es la necesidad de integración de la persona frente a su existencia en contraposición a la rutina del recelo. Los expertos dicen que el cerebro tan solo tarda tres segundos para decidir si alguien es fiable o no, claro que el instinto también juega y tiene sus limitaciones cuando se habla sobre confianza desde el punto de vista de la experiencia personal. La dependencia emocional existe y muchos se arrepienten  de haber confiado en alguien que conocían desde hace años y les ha salido rana, lo cual ocurre hasta en las mejores familias.  Confiar y hablar con los demás ayuda, pero si te aíslas, la vida no será muy soportable, te volverás un cascarrabias que estará desperdiciando un «¡buenos días!», «¿qué tal estás?», «¿necesitas algo?», «me alegro de verte», etc. 
Este verano he sufrido dos episodios debido al calor. El primero fue realmente malo. El último, ha ocurrido esta semana y no remato. Comencé a sentir mareos, náuseas, respiraba mal, etc. Dejé a mi marido en la residencia e, insegura, enfilé calle arriba. En mi camino, una amable señora se dirigió a mí ofreciéndome su brazo. Gracias, Teresa. No sé qué imán utilizaste ni cómo lo hiciste, pero tu presencia y palabras me dieron ánimo y confianza.  Espero volver a verte. Y es que, a veces, es imprescindible la clara percepción de la otra persona interactuante. 

ARCHIVADO EN: COVID-19