Editorial

El patrimonio legado histórico y fuente de lucro

Diario Palentino
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Está bien que genere ingresos para su conservación, no para enriquecer a gente sin escrúpulos

El patrimonio es el legado histórico-artístico de los antepasados, pero en muchos casos goza de una fuerte vinculación al imaginario colectivo, a las leyendas que abordan el origen de pueblos, devociones y fiestas o a los hechos documentados de luchas territoriales, reinados, señoríos y reparto de riquezas. 

Esos bienes patrimoniales tienen un valor objetivo por datación, estilo, autoría o repercusión en su momento de auge, y tiene otro completamente subjetivo, que enlaza directamente con las personas. Así lo evidencian las numerosas romerías a las ermitas que jalonan la provincia palentina de norte a sur y de este a oeste, coincidiendo la mayoría de las veces con la fiesta patronal; la bajada a la cripta de la catedral cada 2 de septiembre para beber el agua milagrosa del pozo; la obligada parada del peregrino en algunos de los hitos más queridos del Camino de Santiago; o el fervor y la veneración transmitidos de generación en generación a la advocación mariana de cada localidad, que siempre será más guapa y más querida que la del pueblo de al lado, aunque sea en todos los casos  representación de la Virgen María. 

Por eso, cuando los ladrones entran en la iglesia parroquial o en la ermita y la expolian, llevándose tallas, cuadros, cálices, casullas o campanas, es lógico que la Iglesia, como su depositaria, lo denuncie y lo lamente, pero también lo es que los vecinos se indignen y demanden justicia y la devolución de unas piezas que han marcado su devenir colectivo de una u otra forma.

 La provincia palentina, como todas aquellas que son ricas en bienes patrimoniales, sobre todo del ámbito religioso, ha sido víctima a lo largo de la historia de numerosos expolios, muchos de ellos con final feliz, ya que al cabo de meses o años se han podido recuperar todas o algunas de las obras robadas, pero otros siguen pendientes de que las investigaciones abiertas por las brigadas especiales de la Guardia Civil y la Policía Nacional que se ocupan de los robos de arte, den el resultado apetecido. Es el caso de una tabla del retablo mayor de la iglesia fromisteña de Santa María del Castillo, cuyo robo, junto con el de otras once, fue atribuido a Erik el Belga, uno de los ladrones más importantes del siglo XX, especializado en arte, falsificador y pintor. Se recuperó todo, menos una pieza de incalculable valor por la originalidad del tema ya que representa el entierro de la Virgen. Cuatro décadas después de su desaparición es francamente difícil dar con la tabla, pero nada hay imposible cuando una investigación sigue abierta.

Está bien que el patrimonio genere réditos económicos allí donde se expone, que generalmente revierten en sus conservación y en empleos relacionados con el arte; lo que ya no es de recibo es que se lucren con él y a costa del pueblo los ladrones y los coleccionistas sin escrúpulos para los que muchos de ellos trabajan.



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