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Editorial

Ambiciosa mirada de 30 millones a los cerros

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Es mejor ir poco a poco porque ninguna utopía es posible sin sentido de la realidad

Los artífices del plan director de los cerros del Otero y San Juanillo han dedicado dos años y medio a imaginar, pensar y darle vueltas y más vueltas a un proyecto que, finalmente, les ha salido ambicioso, transformador y, si se mira a la totalidad, utópico. Y es que hablamos, según se especificó en su presentación, de un plan en tres etapas, planteadas en once fases y concretadas en una quincena de obras. Para llevarlo a cabo en su totalidad, el Ayuntamiento necesitaría tres décadas de trabajos y una inversión cercana a los treinta millones de euros. Eso sí, al final habría convertido en realidad un sueño que tiene mucho de cambio y no poco de utopía. 

Porque el objetivo final, y conviene no perderlo de vista en ningún momento, es dar mayor empaque a los cerros  reforzándolos, embelleciendo su entorno paisajístico, rehabilitando las construcciones existentes y añadiendo otras nuevas que los hagan más visitables y accesibles, sobre todo en el caso del Otero, donde se ubica el Cristo monumental de Victorio Macho y el centro de interpretación del escultor. Pero, sin olvidar tampoco que los presupuestos municipales no dan para tantas alegrías ni es aconsejable sostener demasiado en el tiempo obras de gran envergadura. Los cerros, al igual que otros espacios del entorno natural de la ciudad, son aptos para la visita y el disfrute, además de para fiestas tan populares y arraigadas como la pedrea del pan y el quesillo y por qué no para atraer a los visitantes y darles a conocer las grandes realizaciones artísticas de la ciudad y a sus artífices. Vamos, que ni pueden ni deben estar cerrados durante mucho tiempo porque pierden parte de su sentido y no cumplen con sus funciones.

De ahí las etapas y fases y el acierto de acometer las actuaciones previstas en la primera de ellas y que puedan tener un mayor efecto sobre locales y visitantes. Es el caso del mirador a los pies del Cristo, un espacio accesible en forma de anillo y con un ascensor acristalado, además de la adecuación de los entornos de la parte superior y la creación de un aparcamiento en el actual merendero. En este caso estaríamos hablando de 1,3 millones de euros, cifra bastante más asequible para empezar y para la que, por otra parte, el Consistorio recabará el apoyo del 1,5% Cultural. En esa fase inicial se incluyen asimismos el refuerzo de los senderos y caminos, la conservación de las ermitas y la mejora de la carretera de acceso. Parece prudente empezar por algo que será visible y útil y sobre todo que está al alcance de la mano.

Porque el proyecto global habla de un centro de visitantes, un jardín de esculturas, un vivero castellano, nuevas sendas y plazas, la puesta en valor de las zonas arqueológicas y paleontológicas, la reordenación urbanística y un parque de nada menos que 900.000 metros cuadrados que precisaría una inversión de 11 millones. Mejor, vayamos poco a poco porque ninguna utopía es posible si no se afronta con sentido de la realidad.