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Buscando un truco más

Diego Izco (SPC)
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Buscando un truco más - Foto: Kiko Huesca

En la antesala de lo imposible, algunos cruzan los dedos, otros rezan lo que saben, otros se resignan a la fatalidad del momento… pero unos cuantos, después de una década de imposibles logrados, miran bajo la manga del mago, buscando el último truco. El mago es Pablo Laso y el 'imposible', el duelo de mañana ante el Barça: un partido donde la dinámica merengue es casi trágica, donde los azulgrana parten como claros favoritos por la inercia de los últimos enfrentamientos y donde podría producirse el 'sorpasso' al frente de la clasificación de la Euroliga (el Madrid es líder con 20 victorias, el Barça es segundo con 19). 
Después de encajar tres derrotas como local (Barça, Andorra y Valencia) por primera vez en 16 años, después de mostrarse como un equipo roto físicamente en Estambul (66-51 en casa del Fenerbahçe, con apenas 17 puntos anotados en los dos primeros cuartos), el madridismo mira al 'brujo'. Y Laso también mira bajo esa manga de los trucos, a ver qué puede lograr en esta ocasión. Otra vez: antes de su llegada al banquillo, el Madrid pasó cuatro temporadas sin abrir las vitrinas, seis años sin conquistar una Liga, 18 sin jugar una final de la Copa de Europa y 19 sin ganar la Copa del Rey. Desde la 11/12, ha conquistado 21 títulos (cinco Ligas, seis Copas, siete Supercopas, dos Euroligas y una Intercontinental) y ha disputado 30 de las 40 finales posibles. 

 

Perfil bajo

En junio de 2011, el 70 por ciento de los aficionados del Real Madrid (de un total de 11.600 votaciones recogidas por un diario nacional) consideraba una mala noticia la llegada de Pablo Laso al banquillo blanco. Era un técnico de perfil bajo en una época donde el baloncesto estaba secuestrado por los entrenadores, eran las estrellas de los grandes equipos, tenían muchos minutos en pantalla y el control absoluto de los partidos. Laso, impuesto desde la directiva por una política de ahorro en la sección, era el técnico a contracorriente tras mes y medio de negociaciones con otros más mediáticos como Repesa o Spahija. 
Era el momento de devolver el baloncesto a los jugadores a través de un entrenador acostumbrado a aprovechar los recursos de una plantilla muy corta. «No puedo hacer que mi equipo haga lo que digo porque yo lo mando: tiene que estar convencido», confesó el vasco en una entrevista reciente. Y los convenció. El punto de inflexión, su primer gran truco, se produjo con los fichajes de Rudy e Ibaka y la Copa de 2012 en el Sant Jordi, con 23 puntos de Llull. «En aquella primera etapa tenía claro que debíamos cambiar muchas cosas para ser una escuadra reconocible. El estilo era innegociable. Tenía dos jugadores clave de los que dependía nuestro crecimiento, los dos Sergios (Llull y Rodríguez). En el base empieza todo». 

 

No rendirse nunca

Su estilo es innegociable, como dice Rudy: «La esencia de este equipo es no rendirse nunca». Como reconocía el técnico vitoriano, preguntado por su particular forma de interpretar el juego y leer los partidos, quiso imponer el juego a campo abierto, la agresividad, la capacidad de cada miembro de la plantilla de defender y atacar a un ritmo alto… tal y como entendía él el baloncesto cuando era jugador (una carrera de 19 años básicamente en Baskonia -de 1984 a 1995- más pequeñas etapas en Real Madrid, Cáceres, Trieste, Málaga, Girona y Valladolid).
De una manera sumamente difícil de entender para alguien que lo ha ganado todo, Pablo Laso todavía mantiene el brillo en los ojos antes de una gran cita: «Desde el primer día mantengo la ilusión de hacer lo que más me gusta».