Campos de Tierra

Julio César Izquierdo


A retaque

08/08/2020

Dice Tiburcio que está triste. Entre pitos y flautas se marchan amigos, demasiados. Porque las desgracias nunca vienen solas. Cuando se ceba, la guadaña no hace distingos. Unos por el virus, otros porque ¿tocaba? Una faena. Y dice que el mejor homenaje que se les puede brindar es seguir viviendo, por dejar estela, intentando culminar algunas de las inquietudes pendientes. No es fácil, pero no queda otra. De momento, por si acaso, vigila sus salidas, a cuentagotas, que a su edad no está para juegos. En lo rural, afirma, está siendo el año internacional del patio y el merendero. ¿Has visto la de coches que hay? Estoy saludando a gente que no veía hace décadas. Normal. Era una buena opción y el personal empieza a valorar cosas que a lo mejor habían quedado en el baúl de los recuerdos. Será, cabecea lacónico. Y añade que sería un escenario ideal para pasar a la acción. Si somos muchos, intentemos dar un giro para concienciar, explicar. Que lo de ahora no sea un espejismo de un par de meses. Que se hable de sanidad, de conectividad, de vivienda, de alquiler, de nuevas oportunidades. Vamos, añade, semanas perfectas para separar el grano de la paja. Tiempo para recuperar activos e impulsar recursos con ganas. La crisis y la pandemia debe (puede) animarnos a la reflexión, impulsando la capacidad de reacción. De lo contrario será más de lo mismo; que hablarán de nosotros -que está de moda- y después, si te he visto, no me acuerdo. Hay que tirar con todos los dados para ganar un futuro real que no sea papel mojado.