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La sombra de Netanyahu vuelve a sobrevolar Israel

M.R.Y. (SPC)
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El exprimer ministro quiere aprovechar la caída del Ejecutivo creado en 2021 para echarle del poder y configurar a base de tránsfugas un nuevo Gabinete para evitar elecciones en octubre

La sombra de Netanyahu vuelve a sobrevolar Israel - Foto: RONEN ZVULUN

Cuando el 13 de junio de 2021 el centrista Yair Lapid y el ultraderechista Nafatli Benet anunciaron un nuevo Gobierno de coalición, parecía que comenzaba una nueva etapa en Israel: se dejaba atrás un período de inestabilidad política que había obligado a celebrar cuatro citas electorales en menos de dos años y se acababa con 12 años bajo el mando de Benjamin Netanyahu. Sin embargo, apenas 12 meses después, todo parece haber vuelto al punto de partida, con la amenaza de un nuevo adelanto electoral que solo se evitará si, precisamente, Netanyahu consigue los apoyos suficientes en el Parlamento que le lleven otra vez al poder.

Aquel Ejecutivo «del cambio» para apartar al que parecía eterno primer ministro nació ya con dificultades. No en vano, aunque las elecciones las había ganado el mandatario conservador, la falta de respaldos para conseguir una mayoría en la Cámara Baja dejó una oportunidad inédita a la oposición: una amalgama de ocho partidos de todo el arco ideológico -desde la derecha ultranacionalista hasta la izquierda pacifista, pasando por un partido árabe islamista- se unió para derrocar a Netanyahu. Aunque, precisamente, era ese el único punto en el que coincidieron. Porque, desde entonces, han sido constantes los desencuentros entre los socios hasta el punto de que apenas ha habido estabilidad en este escaso año.

Sin embargo, fue en abril cuando comenzó el ocaso del Gobierno de coalición, después de que la diputada Idit Silman, de Yamina -el partido ultraderechista del primer ministro, Naftali Benet- abandonó la alianza y esta perdió su ajustada mayoría parlamentaria, quedando en un igualado 60-60 con la oposición, encabezada por un expremier que ya anticipó que se opondría sistemáticamente a toda propuesta de ley del Gabinete, aunque encajasen con su ideología. Un movimiento de desgaste que, finalmente, ha dado sus frutos.

Y es que desde el mismo momento en el que vio que se formaba un Gobierno para desbancarle, Netanyahu ha esperado su oportunidad. No ha tirado la toalla y ha  centrado sus esfuerzos en volver al poder, a pesar de estar pendiente de varios procesos judiciales en su contra por presuntos delitos de cohecho, fraude y abuso de confianza. De hecho, estaba previsto que a principios de julio fuera el propio Likud del exmandatario el que presentase una moción para tumbar al ahora Gabinete en funciones.

En campaña

Consciente de la dificultad de superar con una mayoría holgada unas nuevas elecciones -que se celebrarían en noviembre-, ya que todos los sondeos apuntan a que, nuevamente, los bloques apuntan a un empate técnico en el que las alianzas volverán a ser determinantes, el expremier lleva tiempo inmerso en una campaña dentro del Parlamento. Es más, su trabajo se ha centrado en tratar de conseguir el respaldo de alguno de los siete diputados del ultraderechista Yamina, de los que al menos dos ya han mostrado su intención de cambiar de filas. Así, junto con los sionistas y los ultraortodoxos, a los que habría que sumar a los tránsfugas que llegue, no solo del partido de Benet, sino de otras formaciones desencantadas con el actual Gobierno en funciones, Netanyahu pretende formar un «Ejecutivo de unidad» -que ya ha anunciado- para evitar la quinta cita con las urnas en apenas tres años.

Sin embargo, el círculo parece que está lejos de cerrarse. Israel vuelve al punto de partida, tremendamente polarizado en torno a una sola persona, un veterano político que genera filias y fobias al mismo tiempo. «Es, probablemente, el más odiado de Israel, pero también el más querido», apunta Aviv Bushinky, su exasesor político. Y será, precisamente, alrededor del exmandatario, como se decida el futuro de un territorio sumido en una crisis cuya solución aún se antoja muy lejana.