Entregado a Dios y al Cerrato

Lucía Toribio
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Erfidio Gómez, de 90 años, ha vivido de todo y aún recuerda el revuelo que se formaba en la escuela cuando los nacionales tomaban alguna ciudad. Afirma que tuvo el valor de superar un período como la posguerra gracias a su estrecha relación con Dios

Erfidio Gómez, el párroco en activo más longevo de la Diócesis de Palencia - Foto: Juan Mellado

Toda la vida como sacerdote y la mitad de ella siéndolo en Castrillo de Onielo, una pequeña localidad situada al sur de la provincia. Se trata de Erfidio Gómez (San Llorente del Páramo, 1932), el párroco en activo más longevo de la Diócesis de Palencia. Sin embargo, a pesar de tener 90 años no se ha olvidado de sus feligreses. 

Aunque él considera que no tiene ningún mérito. «Gracias a Dios tengo una buena salud. Tampoco me agradan las residencias ni el hecho de no tener nada que hacer. Por ello, he decidido seguir en la parroquia mientras pueda. Eso sí, con el consentimiento del obispo. Ni más ni menos, no es algo de lo que presuma», declara.

Llevar 60 años siendo el párroco del mismo pueblo supone conocer a todas las familias y sus descendientes. También implica ver como el fenómeno de la España vaciada cala en la localidad. En Castrillo ya no quedan jóvenes, los pocos que trabajan en la agricultura van y vienen desde Palencia. Las familias necesitan establecerse en lugares con posibilidad de formación para sus hijos.

Despoblación. «Cuando yo vine a vivir aquí, había muchos jóvenes. Llegué a conocer a tres maestros que impartían clases a alrededor de 70 u 80 niños. Pero hubo un año en que las cosechas fueron muy deficientes y la gente se tuvo que marchar a otros lugares a buscar trabajo. Aquí, no había medios para subsistir y mantener a la familia. Así, el pueblo se quedó en una mínima expresión», rememora el párroco.

Sin embargo, a pesar de la despoblación en esta zona, la iglesia de Castrillo es una de las que más gente recibe los domingos. Los vecinos no solo son creyentes sino también practicantes. Entre semana, cuenta con 8, 9 o 10 feligreses en la eucaristía, que para un pueblo tan pequeño es de agradecer.

A pesar de ello, Erfidio Gómez teme que la tradición de ir a misa se pueda llegar a perder. Es cierto que aún no se nota la falta porque las personas mayores siguen acudiendo con frecuencia. Pero, existe un problema: «Estas personas acabarán falleciendo, es ley de vida, y no quedan apenas jóvenes en el pueblo que puedan llenar los bancos de la iglesia. Aunque, hay cuatro niños que dan algo de alegría y esperanza al municipio».

No sería tan raro ver cómo un pueblo pequeño renace porque alguna familia se muda a él buscando la tranquilidad que no encuentra en la ciudad. «No me imagino cómo se puede vivir en Madrid donde todos los días hay protestas, manifestaciones… Tiene que ser una vida muy atosigante. Es la baza a nuestro favor y lo que decimos siempre a los jóvenes para intentar convencerlos de quedarse en el pueblo. Pero claro, de la tranquilidad no se vive y ellos lo saben», comenta el párroco.

Este sacerdote lleva más de media vida viviendo en Castrillo, pero no es el lugar dónde más feliz ha sido. Antes de mudarse a la localidad cerreteña, estuvo dos años y medio como sacerdote en la montaña dónde «se hallaba estupendamente». Aunque después de un tiempo, el obispo trasladó a los curas de un pueblo a otro y a él le tocó mudarse al sur de Palencia.

Muchas veces la fe en Dios llega por una influencia. Así le ocurrió a Erfidio cuya familia jugó un papel fundamental. «En mi casa, antes de cenar teníamos que rezar el rosario. Aún me acuerdo cuando llegaba mi padre del campo y dejaba su gorra en una silla para rezar el rosario. Era él quien dirigía el rezo. Además, de pequeño, se te va grabando todo mucho», cuenta este veterano sacerdote.

Su labor con Dios no es su única ocupación. A Erfidio también le gusta cazar, algo que lleva haciendo desde que era un niño. Su madre se enfadaba con él porque rompía las zapatillas así que se marchaba descalzo. Lo importante era ir y mantener una afición hasta el día de hoy. Aunque ello no ha impedido que haya cumplido todas sus funciones como párroco de la iglesia de Castrillo.