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Rafael Monje

DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Sin personas no hay alma

11/05/2022

Con una superficie de 94.224 Kilómetros cuadrados y 2.248 municipios, Castilla y León es la Comunidad más grande de España y, sin embargo, suma poco más de 2.379.000 habitantes. No digo nada nuevo, lo sé. Estamos en un territorio con baja densidad de población (25 habitantes por Km2) en comparación con la media española, que ronda los 64. El conocido título de la 'España vacía' (que, personalmente, cambiaría por la España olvidada) nace en realidad en esta autonomía. Y todo tiene un principio, porque ya en la década de los 60 se registró una abrumadora emigración interior hacia Madrid y País Vasco y hacia otros países como Francia y Alemania, por no retrotraernos a la salida de miles de paisanos hacia países como Argentina y Cuba en los primeros años del siglo pasado. A todo ello hay que recordar la crisis de 2008, con la pérdida en este tiempo de más de 150.000 habitantes, lo que amplía una brecha de difícil solución.

De hecho, los censos de todas las capitales de provincia han perdido población en la última década, con el agravante añadido de que el 38% de los hombres y el 42 % de las mujeres tienen 55 o más años; y ojo, que ya uno de cada cuatro castellanos y leoneses supera los 65.

Con la gradual pérdida de habitantes, la baja natalidad, la fuga de jóvenes en busca de mejores oportunidades y la esperanza de vida que ronda los 83 años, dependemos más de un milagro que de parches políticos. De ahí los cánticos de sirena que escuchamos a menudo entre nuestra clase dirigente.

Podemos poner ejemplos a pares, pero, por fijarnos en algunas de las provincias más amenazadas, basta recordar que 268 pueblos leoneses tienen menos de 20 habitantes y otras 15 localidades se mantienen en la veintena de vecinos, mientras que en 7 localidades la población es inexistente. En Zamora existen 65 núcleos de población con un censo por debajo de 20 habitantes y más de media docena, con población inexistente. Y así podríamos recorrer toda nuestra preciosa Comunidad. Hay que ver esto con seriedad y como una cuestión de Comunidad. El uso partidista y el encrespamiento vitalicio ya no sirven, pues sin personas no hay alma ni nada.