Un tren cargado de historia

A. Benito
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Un tren cargado de historia

En 1871, varios comisionados del Museo Arqueológico Nacional viajaron hasta Aguilar para extraer los capiteles más valiosos del monasterio de Santa María la Real. Las piezas viajaron en ferrocarril hasta Madrid, donde aún permanecen

"La enajenación del Patrimonio en Castilla y León (1900-1936), de María José Martínez, la Enciclopedia del Románico, tomos de Palencia y Madrid, y Hasta una ruina puede ser una esperanza, de Peridis". Mientras busca en las estanterías de la sede de la FSMR, César del Valle, historiador de la entidad aguilarense y coordinador del Centro Expositivo ROM, reproduce en voz alta el título de cada uno de los libros que, junto a Diario Palentino, va a consultar para explicar cómo fueron trasladados algunos de los capiteles del monasterio de Santa María la Real hasta el Museo Arqueológico Nacional (MAN). 
Se trata de un tema bien conocido por los vecinos del municipio norteño que, no en vano, ha vuelto a ponerse de moda en las últimas semanas a raíz de la llegada de las réplicas que, con motivo de Mons Dei, se elaboraron mediante impresión 3D para nutrir la edición aguilarense de Las Edades del Hombre. Unas piezas que, al término de la muestra, y por acuerdo en las Cortes regionales y el Senado, han sido depositadas en el bello cenobio premostratense ubicado a las afueras de la localidad.
"¿Desde el punto de vista personal? Claro que me gustaría que los capiteles originales volvieran al lugar del que salieron. ¿Desde el punto de vista técnico? Aunque las cosas no se hicieran del todo bien, es posible que aquella fuera la única manera de salvar esta parte del patrimonio", apunta del Valle antes de sumergirse en la literatura. Lo hace para cerciorarse a pesar de que para él, gran conocedor del monasterio y del arte románico, no es necesario consultar ningún libro para explicar cuáles fueron los principales hitos que llevaron al monasterio aguilarense al abandono y la decadencia.
"Un mes antes de la desamortización, los monjes habían decidido exclaustrarse de forma temporal, con la intención de volver. Al parecer, su ideología era liberal y aquello no encajaba con la mayoría carlista que habitaba en la zona y que se encargó de dificultar su estancia poniendo en marcha estrategias como interceptar sus aprovisionamientos . La cuestión es que nunca volvieron", apunta el coordinador del ROM.
Abandono y decadencia. A partir de este momento, se abre un complicado periodo para el templo aguilarense, lo que María José Martínez define como un "baile burocrático". En 1839 fueron subastadas y vendidas 106 fanegas correspondientes a las fincas del monasterio. En febrero de 1866  una controvertida Real Orden había exceptuado de la venta al inmueble, pero lo había colocado en una situación un tanto extraña: no se podía vender, pero tampoco había sido declarado Monumento Nacional. 
"En definitiva, ni la comisión de ventas de la delegación de Hacienda podía enajenarlo, ni la comisión de Monumentos atenderlo y, ajeno a aquel diálogo entre mudos, el monasterio prosiguió su lento e incesante despojo", recoge la tesis de Martínez, doctora en Historia por la Universidad de Valladolid. 
"A todo esto y después de que varios expertos denunciaran la situación en la que se encontraba el edificio -continúa del Valle- en 1871 el Museo Arqueológico Nacional envía a varios comisionados a recoger una serie de capiteles y trasladarlos, vía ferrocarril, a Madrid". ¿Robo o rescate? La acción, aún hoy, sigue despertando las críticas de los vecinos de Aguilar, que no entienden cómo es posible que un monasterio como el de Santa María la Real, una de las grandes joyas del arte románico en la Península Ibérica, fuera totalmente abandonado a su suerte, de tal forma que la extracción de algunos de sus bienes se convirtió casi en la única posibilidad de salvarlos.
"Quizá si no se hubieran llevado los capiteles, estos habrían acabado por ser expoliados o destruidos" opina César, que como la mayoría de aguilarenses lamenta que las piezas abandonaran su lugar de origen. Sin embargo, el historiador norteño ve muy remota la posibilidad de que alguna vez regresen a la villa galletera. "Peridis lo ha solicitado en numerosas ocasiones, y no ha sido el único, pero la verdad es que creo que es prácticamente imposible traerlos de vuelta", continúa.
Falta de información. Probablemente, el coordinador del ROM no se equivoque al afirmar que en el MAN "están bien", pero también recuerda que, debido a la forma en la que se extrajeron los capiteles, ahora solo se puede intuir el lugar en el que estaban colocados. Y es que, al parecer, los técnicos del Arqueológico retiraron las piezas sin dejar constancia de su ubicación. 
"Por las escenas que muestran, suponemos que los que corresponden al ciclo de la muerte y resurrección de Cristo se encontraban en la iglesia. Su orden es pura lógica, pero no podemos confirmarlo porque tampoco hay ninguna foto con su ubicación original", explica del Valle. Del resto, es imposible saber más, dado que los comisionados simplemente se limitaron a numerar los capiteles y a citar su procedencia en conjunto, de forma un tanto irregular. 

 

Treinta piezas con lo mejor del románico palentino en Madrid

 

Tal y como recoge la tesis de María José Martínez, durante su visita en 1871, el Estado se incautó de dos sepulcros, ocho pares de capiteles del claustro, cinco impostas y basas, un fuste cilíndrico con la inscripción del arquitecto Domingo, ocho capiteles de la iglesia historiados y dos capiteles de una ventana de la sacristía. 
Las piezas ingresaron en el Museo Arqueológico Nacional y gracias a los estudios de Isabel Bravo Juega y Pedro Matesanz Vera, se pudo determinar que su decoración se perfiló de la mano de diferentes maestros que García Guinea redujo a cuatro: el maestro de los capiteles de Moarves, el maestro del capitel de La Ascensión, el maestro del capitel de La Matanza de los Inocentes y el maestro del capitel del Cristo Triunfante. 
"El valor de los capiteles que se pueden contemplar en el Arqueológico es excepcional. Me atrevería a decir que son unas de las piezas más destacadas del museo", asegura del Valle. Este también explica que las obras que hoy reposan en Madrid podrían clasificarse en tres grupos. "Por un lado están los capiteles figurados, que recrean escenas de la muerte y resurrección de Cristo; en otro apartado se incluyen los que representan animales fantásticos y, finalmente, los decorados con motivos vegetales", concreta.
La calidad de todos ellos salta a la vista, igual que la de los sepulcros de Inés de Villalobos y el abad Aparicio, que también se encuentran custodiados desde hace más de un siglo en una de las salas del MAN. 
"El traslado pudo ser visto como un agravio institucional o un despojo acometido al amparo de la Ley, pero a la postre no ha supuesto sino la conservación y puesta a salvo de lo que, de una manera u otra, estaba condenado a desaparecer", defiende en este sentido María José Martínez.
Y es que, al parecer, y aunque la Comisión Provincial de Monumentos de Palencia almacenó varios de los sepulcros de Santa María la Real en una de las capillas y la protegió con puertas y candados, el vandalismo no cejó en su empeño y las cerraduras fueron forzadas, y con ello, los sarcófagos rotos y despojados. 
Donde también hay un trocito de la historia de Aguilar es en el Fogg Art Museum de la Universidad de Harvard, en Cambridge (Massachusettss), hasta donde viajó un capitel doble con cimacio en virtud de un acuerdo que permitió el retorno a España de la losa sepulcral del hijo de Pero Ansúrez, procedente de Sahagún (León). La donación del Gobierno de la II República al museo americano se realizó a través del Arqueológico de Madrid y del profesor Arthur Kingsley Porter. 

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