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«Antes de salir a escena siento una luz donde explota todo»

Julia Rodríguez
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El actor palentino y educador social lleva 15 años viviendo en Madrid. Estrena el domingo en el Ortega 'Cuando estuvimos muertos', una obra social, alternativa y minimalista a nivel de escenografía y luces, que huye del teatro comercial al uso

«Antes de salir a escena siento una luz donde explota todo» - Foto: Juan Mellado

El domingo se estrena en el Teatro Ortega, a las 19 horas, la obra teatral Cuando estuvimos muertos adaptación de Senén Marto del libro de Joan Montané. Sené Marto, actor de Neska y autor del texto cuenta sus experiencias en el mundo del teatro, la compañía y la obra.

 ¿Cómo comenzó en el teatro?
Desde pequeñito siempre he estado haciendo cosas relacionadas con él, las artes escénicas y la música. He tenido pequeñas formaciones en el colegio con baile, pero cuando soy más mayor consigo el tiempo y la madurez  para ponerme a estudiar en una escuela de arte dramático, ahí formalizo los estudios y me empiezo a dedicar plenamente a ello.

¿Había alguien  en su familia que se dedicase a ello?
No han hecho nunca teatro pero mi madre tiene una voz espectacular y, aunque no ha podido dedicarse a ello, tiene esa vena artística. Por otro lado, mi padre tiene como una parte de dramaturgo, escribe libros y yo lo que lo he sacado de ahí. Esta obra está escrita por mí, de ahí sale un poco la combinación.

¿Qué le dijeron cuando les habló de que querías dedicarse al mundo de la interpretación?
Nunca me han dicho nada, siempre me han animado a hacer lo que he querido. Me apoyan y van a estar ahí. 

¿Es un trabajo sacrificado?
Sacrificado, a veces poco reconocido y que debería de formalizarse más. Lleva muchísimo trabajo detrás, no solo lo que ves en una hora u hora y media, es toda la preparación que exige entre ensayos, trabajo de escenografía, atrezo, vestuario, cuerpo y, voz; es un completo aunque luego estás satisfecho cuando el público al final sale contento y ha disfrutado de la obra.

¿Disfruta más en el escenario o como público?
Son cosas diferentes, si  me tengo que decantar disfruto mucho más arriba, es como un desdoble, no eres tu , estás disfrutando de algo que está sucediendo que no es real pero es real. Al final estando de público eres tú con tu misma persona, disfrutando de la obra.

¿Cómo se formó Neska?
La fundamos Raquel Garaboa y yo, es una de mis mejores amigas y compañera de formación en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid (EMAD) allí estudiamos y cuando teníamos la formación suficiente  la formamos en 2019. Luego se unieron dos actrices más, compañeras también. Además mi pareja está dentro de la compañía con temas de tesorería y administración.

¿Qué siente Senén al subirse a un escenario?
Siempre están esos nervios pequeñitos, es una sensación de esplendor como una luz donde explota todo antes y en el momento que sales todo se coloca y lo dejas fluir.

Si tuviese la oportunidad de cenar con algún actor o actriz ¿con quién lo haría? 
Pues tuve la suerte de hacer una formación con Marta Etura, una actriz que por su formación, experiencia y su forma pedagógica de enseñar fue un privilegio; no me fui a cenar pero fue un buen almuerzo, por decirlo de alguna forma.

¿Le ha sido muy complicado adaptar el libro al texto teatral? ¿Cree que es una buena adaptación?
Llevamos desde noviembre en cartelera en Madrid, sé que ha sido una buena adaptación porque el público así lo recibe. Adaptar el texto no me costó como esfuerzo, fue más difícil encajar las secuencias.

¿Cambiaría su trabajo por otro? ¿Le hubiese gustado dedicarse a otra cosa?
Yo soy educador social y me dedico plenamente a la educación social y ahora también a las artes escénicas,  pero si tuviese que elegir escogería  las artes escénicas sin dudarlo.

 ¿Qué siente al presentar la obra en Palencia?
Pues decirlo con palabras va a quedar insuficiente, creo que siento como cuando te acuestas y tienes un sueño muy dulce lleno de emociones y satisfacción y ahora voy a estar despierto. Me parece un orgullo hacerlo aquí, en casa,  para el público palentino.

¿Cuándo empezaron a preparar la obra y cuánto ensayan?
Iniciamos los ensayos en marzo del 2019 hasta junio durante dos días a la semana con Montse Ortiz,  la directora. Paramos en verano, volvimos a mediados de septiembre y a primeros de noviembre la estrenamos, medio año quitando el verano

¿Cómo les afectó el covid?
Es verdad que el covid afectó gravemente a todo el mundo, sobre todo el cultural. En nuestro caso, somos personas muy luchadoras y depende de como te tomes tú la pandemia. En cuanto pudimos nos pusimos en contacto con las salas, fuimos de los primeros en querer estar, sin miedo, y desarrollar el trabajo. No hemos parado, solo cuando nos obligaron.

¿Qué es lo que más le gusta de esta obra?
 Poder dar  visibilidad a una problemática, los abusos sexuales en la infancia. Un tema que genera rechazo por su dureza pero que está ahí, más de lo que pensamos y como se cuenta en la obra de forma poética no explícita,  el  mensaje entra de forma muy delicada. Al final, todo el mundo tenemos miedos, inseguridades o podemos caer en adicciones.

¿Cree que puede ayudar a personas que sufren algún abuso?
Evidentemente la ayuda la reciben con sus terapias, pero da visibilidad. Hemos tenido público en Madrid que ha sufrido abusos y nos ha contado su experiencia. Es positiva porque se han sentido reflejados, les ha servido para poder hablar a través de la obra.