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La docena del fraile

Fernando Pastor
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El fraile pidió una docena de huevos: para el abad media, para el padre prior un tercio, y para él un cuarto. ¿Cuántos huevos se llevó en total?

La docena del fraile

El sistema métrico decimal, consistente en medir las magnitudes teniendo como referencia al 10, y en base a él sus múltiplos y sus divisores, está en vigor desde 1871. Con anterioridad regía el sistema duodecimal, referido al 12, con mayores posibilidades de divisores: el 1, el 2, el 3, el 4 y el 6 lo son. Por tanto permite también fracciones de resultado exacto (1/2, 1/3, 2/3, ¼, ¾, 1/6) que con el 10 como base encontraría menos opciones.

El blog de Espinosa de Cerrato (http://espinosacerrato.blogspot.com.es) recogió una serie de comentarios y una significativa anécdota respecto a este sistema duodecimal.

En él se hace referencia al uso de una medida de capacidad como la fanega que contiene 12 celemines, a las libras de 12 onzas, a los 12 meses en que se dividen los años, las dos veces de 12 horas que conforman un día, los 12 signos del Zodiaco, e incluso los 12 apóstoles y las 12 tribus de Israel.

La docena del fraileLa docena del fraileEl sistema duodecimal sigue vigente en la práctica en medidas como las pulgadas, la millas y los artículos que se venden por docenas y sus divisores (media docena, un cuarto de docena, un sexto de docena…), como los churros o los huevos. Incluso lo puntos del permiso de conducir.

El citado blog se recrea y se reafirma haciendo referencia a figuras geométricas como el cubo y el octaedro, que tienen 12 aristas, el dodecaedro y el rombododecaedro, que tienen 12 caras; el dodecágono, que tiene doce lados; o el icosaedro, con 12 vértices. También que una esfera en el espacio pude tener contacto con otras 12 de sus mismo tamaño coladas a su alrededor (en una circunferencia, serían 6).

Todo ello explicaría la atracción de Platón por el número 12.

Sabido es que las herrerías, barberías, carpinterías…de los pueblos cerrateños constituían centros de reunión a los que los parroquianos acudían no solamente como clientes sino a pasar el tiempo en interminables tertulias, al calor de la estufa.

Argimiro Rodríguez tenía en Espinosa de Cerrato una carpintería que fue escenario de la anécdota referida en el citado blog.

Uno de los clientes-tertulianos le encargó a Argimiro un trabajo de madera, y al entregárselo, junto con la factura, el cliente observó en la cuenta algo que no le cuadraba, y le dijo a Argimiro «no creo que me estés intentando colar la docenica del fraile; vamos a repasar la cuenta».

Moisés, el hijo de Argimiro, que estaba allí porque al salir del colegio acudía a la carpintería para hacer los deberes bajo la vigilancia paterna y de paso ayudar a ordenar las herramientas de la carpintería, escuchó la frase, que no entendió pero se quedó con la copla. Hasta que tuvo ocasión de poder preguntar al autor de la frase qué quiso decir. Y el hombre se lo explicó con el hecho (posiblemente imaginario) que dio nombre a la expresión.

Un fraile fue a comprar huevos y le pidió a la dependienta una docena, pero empaquetados por partes separadas ya que eran para varias personas. Le dijo «para el abad, media docena, para el padre prior, un tercio de docena, y para mí, un cuarto de docena». La dependienta así lo hizo. Tras abonar el importe de una docena de huevos, el fraile marchó raudo con ellos. Haga cuentas el lector de cuántos huevos se llevó.

La dependienta se quedó pensando e hizo esos mismos cálculos, dándose cuenta de que había sido engañada por el fraile.

Pasada una semana, este mismo fraile volvió a la tienda con la misma pretensión, pero la dependienta le dijo «le pongo la docena y ya hará usted el reparto que quiera para las personas que se los han encargado».

Desde entonces, según el blog, la expresión la docena del fraile es sinónima de querer obtener un beneficio tomando más de lo que corresponde a lo que se dice querer.

En Espinosa también circula la historia del reparto de 11 mulas entre tres herederos a razón de un medio, un cuarto y un sexto. Los problemas de los divisores no exactos propicia el conocido hecho de que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

 

ARCHIVADO EN: Cerrato, Israel