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Contra el metano en la ganadería

M.H. (SPC)
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Investigadores de la Estación Experimental del Zaidín (CSIC) han sintetizado un compuesto que reduce la producción de este gas en el estómago de los rumiantes sin mermar la producción de carne o leche ni suponer ningún peligro

Contra el metano en la ganadería

La ganadería recibe muchos ataques en los últimos tiempos. A pesar de ser una actividad necesaria para que los seres humanos dispongamos de alimento suficiente, de fijar población en el territorio rural y de generar ciertos beneficios medioambientales, se le echan en cara aspectos como el bienestar animal, el gasto excesivo de recursos como el agua o la generación de gases, sobre todo metano, que contribuyen al efecto invernadero y, en consecuencia, a acelerar el cambio climático. Sin embargo, en este último asunto se ha producido un importantísimo avance que lleva la firma de científicos españoles, concretamente pertenecientes a la Estación Experimental del Zaidín, en Granada, que forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y es el centro de ciencia agraria más grande e importante de toda España.

Y no es un tema sin importancia. En España, según el Ministerio para la Transición Ecológica, el metano supuso en 2019 un 12,2% del total de emisiones de gases de efecto invernadero. No parece mucho, pero la cosa cambia al saber que su efecto en el calentamiento es hasta casi cien veces más intenso que el del CO2. Sin embargo, su vida en la atmósfera es más corta. Apenas una década por el siglo que se mantiene activo el dióxido de carbono. Por esa razón, una reducción drástica en la emisiones del metano tendría un efecto mucho más inmediato y notorio a la hora de reducir el aumento de la temperatura media del planeta que se está registrando

Hace unos días, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha considerado seguro el uso de un aditivo -denominado Bovaer- en los piensos de rumiantes de leche que puede reducir en un 30% la emisión de metano por parte de estos animales. Y este aditivo -el primero que se aprueba en la UE como beneficioso para el medio ambiente- se ha creado en las instalaciones granadinas del CSIC. Hay que mencionar que, en la reciente cumbre de Glasgow sobre el clima, España se comprometió a reducir sus emisiones de metano en un 30% para 2030. La ganadería no es ni mucho menos el único sector que genera este gas, pero con este avance se puede dar un paso importante para llegar a ese objetivo, ya que en nuestro país más de un tercio del que se genera procede de este sector.

Contra el metano en la ganaderíaContra el metano en la ganadería - Foto: Alberto RodrigoPero conviene comenzar por el principio. Los rumiantes son herbívoros, evidentemente. Tienen la capacidad de sacar toda la energía que necesitan de los vegetales. Y esto es gracias, entre otras cosas, a un pequeño ecosistema microbiano que tienen en el rumen, que es el primero de los cuatro estómagos que posee este tipo de animales; lo que en los colegios se siempre se ha enseñado como panza (que va seguida de la redecilla, el libro y el cuajar).

Como ha explicado a Cultum David Yáñez, veterinario y jefe del equipo de investigación que ha obtenido el Bovaer, este ecosistema origina un proceso de fermentación que faculta al animal para metabolizar partes de los vegetales que los carnívoros o los mismos humanos no están preparados para digerir, como por ejemplo la celulosa, de manera que aprovechan mejor las plantas en términos de obtención de energía y son capaces de convertirlas en carne o leche que las personas sí podemos digerir. Este revoltijo de microorganismos está formado por muchos tipos de bacterias, hongos y también por otros seres llamados arqueas, que son las responsables de la producción de metano en el rumen de vacas, ovejas o cabras como consecuencia de la digestión de esa celulosa y otros compuestos. Y mientras las arqueas contribuyen a la digestión de los vegetales y van generando metano, el animal en cuestión lo va -aunque esto no suene muy elegante- eructando. Y es que, aunque existe la creencia de que el metano de las vacas proviene de sus ventosidades, lo cierto es que por esta vía solo expulsan entre el 3% y el 4% de lo que producen, solo lo que es generado en el intestino grueso; la inmensa mayoría surge en el rumen durante el proceso digestivo que Yáñez ha descrito para Cultum y se expulsa por la boca.

Lo que Yáñez y su equipo han conseguido es modular este proceso de fermentación microbiana de manera que se genere hasta un 30% menos de metano. El compuesto que se emplea para ello es muy similar en forma y tamaño a una enzima presente en las arqueas que es responsable de la producción de este gas e impide en parte que esa enzima funcione sin mermar la capacidad del rumen para aprovechar el alimento ingerido por la vaca. En resumen, se trata de una baza tremendamente importante para reducir las emisiones de este gas en un sector que genera mucho. Se lleva años investigando acerca de cómo la alimentación de los animales podría tener un papel clave y, después de diez años de proyecto, que ha salido adelante gracias a la colaboración financiera de la multinacional DSM, se ha obtenido este compuesto, el Bovaer, que puede cambiar las cosas para bien.

Contra el metano en la ganaderíaContra el metano en la ganadería - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez Eugenio Gutiérrez MartSegún explica el responsable del estudio, han colaborado, además del que él dirige, varios equipos de investigación repartidos por el mundo (Europa, Canadá, Estados Unidos y Australia). Pero ha sido el de la Estación Experimental del Zaidín el pionero en hacer patente su efectividad en ensayos realizados con animales y el que ha participado en la identificación del mecanismo de acción de la molécula en cuestión, lo que ha contribuido a que finalmente sea aprobado.

Solo un primer paso.

Pero de momento, el Bovaer solo tiene la aprobación de la EFSA. Este organismo es el que se encarga de autorizar o no el uso de cualquier sustancia, aditivo, alimento… que vaya a entrar a formar parte de la cadena alimentaria, ya sea directamente o de forma indirecta, como ocurre en este caso. Se realizan diversos tipos de pruebas y se requiere una determinada documentación a quien solicita la aprobación del producto en cuestión y si no existe ningún riesgo para la salud o el medio ambiente se autoriza su uso.

En este caso, de momento solo se ha permitido su empleo en ganaderías productoras de leche. Para probar que es seguro su uso en animales destinados a la producción cárnica el proceso es algo más complejo (hay muchos tejidos que analizar) y de momento no hay luz verde. Pero, según Yáñez, no porque el Bovaer entrañe ningún peligro, sino que es simplemente una cuestión de tiempo. Además, según la empresa DSM, en el caso del vacuno de carne la reducción de emisiones podría llegar hasta un 90%.

También es cuestión de tiempo que pueda estar comercialmente disponible para los ganaderos. La aprobación de la EFSA es un primer paso, pero luego tiene que contar con el visto bueno de la Comisión Europea para poder comercializarse (en Brasil y Chile esta autorización ya es una realidad). Se trata, cuenta Yáñez, de un mero trámite administrativo que puede llevar semanas o algunos meses, pero que no puede anular la decisión de la EFSA.

El problema está en que este aditivo, cueste mucho o poco, encarecerá algo los piensos sin proporcionar ningún beneficio directo al ganadero (la producción de leche seguirá siendo la misma). Pero David Yáñez confía en que en un futuro se usará, de una manera u otra. En primer lugar, dice, cabe la posibilidad de que cooperativas de ganaderos opten por emplearlo para darle a la leche o a la carne que produzcan un plus «ecofriendly» de cara a los consumidores. Cada vez se mira más el lugar y la manera de producir los alimentos que se compran en los comercios y un alimento que está generando un tercio menos de metano para llegar al supermercado puede ser valorado positivamente por muchos compradores, que estarían probablemente dispuestos a pagar unos céntimos más por litro o por kilo.

Otra posibilidad es la de los incentivos públicos. Igual que la nueva PAC va a premiar a los ganaderos y agricultores que efectúen prácticas recogidas en los llamados ecoesquemas por los beneficios medioambientales que suponen, los gobiernos u otras administraciones regionales o locales pueden optar por ofrecer ayudas que compensen el encarecimiento del pienso a aquellos profesionales que elijan producir su leche o su carne reduciendo sensiblemente las emisiones de metano a la atmósfera.

Por último, Yañez explica que el compuesto está descubierto, pero la investigación no ha terminado ni mucho menos. Ese 30% menos de metano que se emite es una energía que el animal puede, al menos potencialmente, aprovechar para producir, con la misma cantidad de alimento, más carne o más leche, según el caso, con lo cual los ganaderos seguramente verían con muy buenos ojos su utilización: menos emisiones y mayor rendimiento sí compensan un pienso algo más caro.

Además se está trabajando en otro aspecto. Es sencillo administrar este aditivo a animales estabulados, pero la cosa se complica con ganado en extensivo. Por eso se está intentando conseguir que, una vez en el rumen, el Bovaer libere su principio activo de manera escalonada, de modo que pueda actuar durante un periodo más prolongado de tiempo. De esa manera, los animales que pastan sueltos no tendrían que ingerirlo todos los días y se facilitaría mucho la labor del ganadero para administrárselo.

 

Cambio de dieta.

Entre las recomendaciones de la ONU para reducir las emisiones de metano a la atmósfera, de las cuales la ganadería tiene una porción importante de responsabilidad, está la de cambiar nuestra dieta eliminando una parte de la carne y los lácteos que consumimos y sustituyendo estos alimentos por verduras, de manera que la cabaña ganadera se reduciría. En principio no parece mal plan, pero es un arma de doble filo. En primer lugar, los rumiantes producen más metano cuanto más pasto comen, en contraposición a los que comen más pienso; es decir, los primeros animales a eliminar serían los de las ganaderías extensivas que pastan casi continuamente. Pero implicaría la eliminación de un factor modelador del paisaje que mantiene muchos ecosistemas a los que no queremos renunciar, como por ejemplo la dehesa. Además, estos cálculos de la ONU no cuentan con que estas ganaderías extensivas fertilizan los montes o capturan carbono al aprovechar la vegetación silvestre, entre otras cosas. Y tampoco hacen números con el gas que generaría la producción de los vegetales extra que habría que cultivar para alimentar a la población mundial y compensar ese descenso en la producción de carne. Por no mencionar que cada vez hay menos suelo cultivable disponible.