Ángeles de la guarda de carne y hueso en Cevico de la Torre

Rubén Abad
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Los familiares de los usuarios de la residencia de mayores Santa Eugenia sorprenden a los trabajadores del centro asistencial con un bonito homenaje en el patio en forma de aplausos

Ángeles de la guarda de carne y hueso en Cevico de la Torre - Foto: Óscar Navarro

La crisis sanitaria del Covid-19 dejará a la sociedad palentina secuelas difíciles de borrar, como la de no poder dar una despedida digna a los fallecidos durante esta cruel pandemia. Un virus que se ha cebado con los más vulnerables, que no son otros que las personas de mayor edad, esas que han luchado sin apenas descanso por salir adelante no con pocas dificultades en el camino.
Dentro de este caos y este drama, hay historias que se escriben con final feliz, como la de los internos de la residencia Santa Eugenia de Cevico de la Torre, donde mantienen el contador de infectados a cero, y así quieren que siga. 
Allí se vivió en la tarde de ayer uno de los momentos más emotivos que nos deja esta cuarentena, el del homenaje en forma de aplausos de los familiares de los 76 internos a todos y cada uno de los 42 trabajadores del centro asistencial que han mantenido a salvo y cuidados a sus padres, abuelos y tíos durante todo este tiempo. 
Un reconocimiento sincero y cargado de emoción en recompensa al extraordinario trato que han dado a los mayores que tienen a su cargo, para los que se han convertido en unos ángeles de la guarda de carne y hueso. Una sorpresa mayúscula, pues solo tres trabajadores sabían lo que allí iba a suceder, el resto pensaba que acudía a una formación.
Fue un acto breve, de apenas unos minutos, pero repleto de cariño, al que también se sumaron muchos vecinos del pueblo sin vinculación alguna con Santa Eugenia. Se celebró extremando las precauciones y con la obligatoriedad de usar mascarillas, en el patio de la residencia, de grandes dimensiones, lo que ayudó a que en todo momento se mantuviera la distancia interpersonal. A ello contribuyo también que se delimitaron los espacios con una serie de vallas, para evitar la tentación de acercarse demasiado a sus seres queridos.
Reencuentro

Fue un momento entrañable, no solo para los trabajadores, también para muchos familiares que veían en persona a los suyos por primera vez en más de dos meses. Ha sido duro, sobre todo para los de la visita diaria, pero todos sabían que dejaban a los suyos en las mejores manos, como así se ha demostrado.
Un reencuentro diferente, pero que caló hondo en los corazones de los 76 usuarios de la residencia, entre los que hay personas válidas y otras con distintos grados de dependencia. Ceviqueños de cuna y otros de adopción, que han hecho de la residencia Santa Eugenia su segundo hogar.