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«Mi padre me decía que resistir es vencer y lo he aplicado»

Carmen Centeno
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A Santos, como le conocen todos, se le aprecia y se le respeta en Cervera, el pueblo donde nació y donde se labró su presente y un buen futuro, al que han dado continuidad sus hijos

«Mi padre me decía que resistir es vencer y lo he aplicado» - Foto: Sara Muniosguren

Pocos conocen su nombre compuesto y sus dos apellidos, Gaspar Santos González Cabeza, porque para todos es simplemente Santos o Santos Peñalabra. Y es que su persona, su trayectoria vital y profesional, su pasado, su presente y su futuro están unidos, indisolublemente, a un establecimiento que nació como bar, que pasó a ser fonda, que con el tiempo y las reformas se convirtió en hostal restaurante y que ahora es hotel rural, restaurante y cafetería, conservando en todo momento el nombre de una de las cumbres de la Montaña Palentina, y que lleva su impronta en cada baldosa, en cada mueble y en cada plato.


Esa continuidad se la proporcionaron a nuestro protagonista sus inicios en el negocio cuando acabó la escuela, ayudando a sus padres, y el espíritu emprendedor que le ha empujado a no quedarse quieto, a reinvertir, a ampliar en función de lo que demandaban los tiempos, a complementar y modernizar su oferta y a mantenerlo todo en pie. En los momentos buenos y muy buenos y en esos otros regulares, que también hay a lo largo de una vida. «Mi padre me decía que resistir en un negocio es vencer y lo he aplicado siempre», asevera. Claro que aquella afirmación no era la de un hombre cualquiera, sino la de alguien que había tenido el coraje y la valentía de emigrar a Cuba y regresar a su tierra. Con ganas de salir adelante y sin cortapisas. Un padre emprendedor que, tras unos años, se atrevió con su propio negocio, dio alas a nuestro protagonista para hacer lo propio cuando llegó su momento.


Y por eso mismo, además de por el carácter templado, el Peñalabra de sus catorce o quince años no se parece en nada al de los ochenta y nueve que tiene ahora y, sin embargo, sigue siendo el mismo, el de la calidad, los productos de proximidad y el buen trato. El balance final es satisfactorio, más allá de los homenajes que ha recibido, y se basa en el aprecio, el respeto y el cariño que le tienen sus vecinos, sus clientes y los demás hosteleros de Cervera de Pisuerga, y  en que sus hijos Santos y Marta siguen adelante con el negocio.

 

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