«Mi año fue duro. Me lesioné, me fui y volvieron a ficharme»

David del Olmo
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El capitán del Basket Navarra disputó, hace una década, una campaña con el Palencia Baloncesto, la primera de los morados en la categoría. Rememora un curso difícil por sus problemas físicos

Iñaki, con sus hijas Carla y Ana.

Iñaki Narros (Pamplona, 28-05-1981) dejó un buen recuerdo en su único año en Palencia, por su honestidad y trabajo, lastrado al comienzo por una persistente lesión que le llevó incluso a marcharse del club durante un mes, para luego regresar.
¿Cómo vive la crisis?
Como si estuviéramos en una película, un poco agobiado, sobre todo por las niñas, que quieren hacer otras cosas, salir, ver a sus abuelos, a sus tíos. Pero es lo que hay que hacer, lo mejor para todos.
¿Entrena en casa?
El preparador físico nos manda trabajo para hacer a diario, pero no es lo mismo que en la pista. No pueden igualarse los cambios de ritmo o los saltos. Todo el mundo ve que no va a haber un inicio de liga aunque nadie se moje y lo confirme. Y así la motivación es complicada.
Su Navarra Basket luchaba aún por la fase de ascenso...
Sí, metidos de lleno. Quedarse a medias no gusta y más en el baloncesto, donde no nos gusta empatar. Te quedas con la miel en los labios.
¿Qué recuerdos tiene de su temporada en Palencia?
Para mí fue un año complicado. Empecé lesionándome en pretemporada y luego tuve recaídas, así que fue bastante duro. De hecho hablé con el club, no me sentía bien conmigo mismo, sentía que le estaba defraudando y pedí irme a recuperar fuera, cortar el contrato, no les pedía nada, para que pudieran fichar a otra persona. Me recuperé y  me volvieron a fichar, con Natxo Lezkano, con quien había hecho buenas migas. Y pude terminar bien la temporada, con buenos partidos y logrando el objetivo de la  salvación, que para el Palencia fue histórico.
Llegó para aportar experiencia en la categoría
Sí, yo ya había jugado en la categoría, pero no teníamos mal equipo. Estaba muy bien compensado. Había más jugadores de experiencia, americanos buenos, como Howard Brown, veterano pero de alto nivel, o Gimel Lewis. Un Mirotic jovencito. Y gente que había jugado a gran nivel en LEB Plata. Un equipo para hacer cosas bonitas, pero había un nivelazo en la LEBOro y había que competir en cada partido.
¿El nivel era superior?
Esos años se invertía mucho en jugadores y se decía que era la quinta liga europea, contando primeros niveles. Otros años ha habido ligas competitivas, pero ese año era de mucho nivel.
Hablaba de Mirotic. ¿Se vislumbraba su progresión?
Ofensivamente tenía muchos recursos, lo hacía fácil. Muy buen tiro, ponía el balón en el suelo con facilidad con sus 2,07, detalles de que algo tenía... Sí es cierto que venía verde, físicamente era blandito y los rivales le atacaban por la defensa.
También estuvo Dickerson
Un mes. Un hombre peculiar, no hablaba mucho, vino en modo zen, creo que era budista. Tenía un físico privilegiado, recursos de jugador NBA, posteaba dándose media vuelta para tirar, y con triples muy lejanos, más de siete metros. Hizo algún partido bueno, pero ya estaba en la LEBOro por algo.
Después ya se quedó en Pamplona
El Basket Navarra ascendió a Oro, fichó a Ángel Jareño de entrenador y me llamó para ver si quería ser partícipe de la experiencia. Para un jugador profesional jugar en casa es un lujo. Fui un año al Melilla, pero en casa se vive muy bien. Me casé y empezamos a formar una familia. Salvo un contrato irrechazable, si club y técnico me querían, me iba a quedar en mi ciudad.
¿Hasta cuándo jugará?
Empiezo a tener muchos años, los compañeros me lo recuerdan, me llaman abuelo [risas]. El físico me está acompañando, estos últimos años me he encontrado muy bien. Mentalmente me cuesta más, dejar a la familia en los viajes... Yla edad se nota, los chavales al día siguiente de un partido podrían jugar otra vez y yo necesito un par de días [risas]. Pero disfruto. Al cumplir años ves el baloncesto de otra forma, ves opciones y ventajas donde antes no las veías y aprovechas ese conocimiento del juego.