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Palencia triunfó en el primer sorteo de la Lotería de Navida

Julián García Torrellas
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El premio gordo y sus aproximaciones trajeron 14.000.000 de reales a la provincia

Palencia triunfó en el primer sorteo de la Lotería de Navida

Ocurrió a mediodía de la víspera de Nochebuena de 1892. A la misma hora en la que en el Ayuntamiento de Palencia la corporación municipal estaba reunida para el nombramiento de un nuevo alcalde, en Madrid los niños del colegio de San Ildefonso cantaban los premios del primer sorteo denominado Lotería de Navidad. A las doce y media la noticia llegó por telégrafo: primer premio, 40297. Palencia. 12.000.000 de reales. Lo que aún no se conocía es que los número anterior y posterior al gordo también caerían en Palencia, y eso suponía otros dos millones de reales a mayores.


Por extraño que parezca, esta tradición del sorteo de la lotería navideña se la debemos a los franceses; no por ser un juego importado, sino por ser un sorteo creado por las Cortes de Cádiz ante la necesidad de dinero para combatir al invasor galo. Fue en plena guerra de la Independencia, con un país invadido por las tropas francesas y con un hermano de Napoleón como rey de España, cuando tuvo lugar el primer sorteo de la lotería navideña. En 1812, cuando al sevillano Ciriaco González Carvala -ministro del Consejo y Cámara de Indias- se le ocurrió crear un sorteo especial de lotería con el fin de recaudar fondos para luchar contra los invasores franceses es muy probable que jamás pudo sospechar que con el paso de los años terminase siendo el sorteo de lotería más popular del país. El primer sorteo de aquella recién creada lotería, denominada Moderna para diferenciarla de la Lotería Primitiva creada en 1763 por Carlos III, se celebró un 18 de diciembre y, dada la ocupación francesa de casi todo el territorio nacional, solo participaron en ella los habitantes de las ciudades de Cádiz y San Fernando. A partir de 1815, librados ya de los franceses, este sorteo pasó a ser nacional, siendo conocido como el de Prósperos Premios. 


El primer sorteo de la lotería denominado ya de Navidad tuvo lugar en 1892. Se comenzó a denominar así porque la celebración del sorteo era el día 23, víspera de la Nochebuena. Y hete aquí que la diosa Fortuna quiso fijarse en Palencia agraciándola con el premio gordo de aquel neonato sorteo bautizado como Sorteo de Navidad y con las dos aproximaciones del premio gordo. Nada más y nada menos que con catorce millones de reales, ¡tres millones y medio de pesetas!. Todo un caudal de dinero que contribuyó a mudar la vida de muchos vecinos de la ciudad y de algunos pueblos de la provincia. Y eso ocurrió el mismo día que en el Ayuntamiento capitalino hubo cambio de alcalde; Ramón Vélez, el panadero, cedía el bastón de mando a Luis Martínez de Azcoitia. 

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Las noticias tardaban en llegar y el medio más rápido era el telégrafo. A las 12,30 del mediodía, en el equipo telegráfico del periódico se recibió la noticia de que en Palencia había tocado el primer premio con tres millones de pesetas. El Diario Palentino salía a la venta por la tarde y en sus páginas se publicó muy escuetamente la notica. El periódico ya estaba confeccionado y no había tiempo ni espacio para más información. La noticia se extendió rápidamente por toda la ciudad. Ni que decir tiene que para la mayoría de los vecinos de aquella ciudad finisecular, que en esas fechas no pasaba de los 16.000 habitantes, fueron más importantes los comentarios, chismes, dimes y diretes sobre quiénes podían ser los afortunados de la lotería que la importancia que para el municipio podía tener el cambio de regidor. La alegría y el regocijo popular de aquella fría tarde de diciembre inundaron las calles y fueron más fuertes que los sones de la Banda Municipal de Música por la serenata que ésta ofreció al nuevo alcalde por su nombramiento. 


¡Tres millones y medio de pesetas! La fortuna traía a Palencia una ingente cantidad de dinero, tanta como casi los presupuestos municipales de toda una década. En una sociedad extremadamente empobrecida con una fuerte crisis económica, como se escribió en el periódico de la Nochebuena de aquel año de 1892, multitud de familias han salido de una vida de pobreza, para entrar en otra de relativo bienestar.


Los décimos y participaciones del 40297 se habían vendido en la administración existente entonces en la propia droguería de D. Isidoro de Fuentes, junto a su farmacia, al lado del corazón de la ciudad en los Cuatro Cantones. El precio del décimo era de 50 pesetas, importe al alcance de muy pocos, por lo que lo más habitual era jugar una módica participación de una, dos o tres pesetas. Y la suerte o el destino quisieron que las participaciones de aquel número y sus aproximaciones se hubiesen puesto a la venta unas semanas antes, el mismo domingo que se había celebrado el sorteo de quintos para el reemplazo militar. En aquellos años la mili era muy larga y la mala suerte podía suponer tener que pasar varios años como soldado en África, Cuba o Filipinas. Ante ese posible destino siempre cabía la posibilidad, si se tenía dinero para ello, de pagar la redención del servicio militar y librarse de esa obligación castrense. No fueron pocos los padres y mozos que procedentes de la provincia asistieron a ese otro sorteo en el que la suerte era vital para tener un buen destino a la hora de hacer la mili durante los próximos años. Y si la suerte no estaba del lado del quinto sorteado, la opción que quedaba era comprar un décimo o participación de lotería y esperar al bombo de la fortuna del 23 de diciembre. Fue así como el gordo vendido en Palencia recaló en bastantes pueblos de la provincia y fueron muchos los quintos que, gracias al premio de la lotería, pudieron librarse del servicio militar pagando su redención por unas 1.500 pesetas. 

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Paredes de Nava. Aunque la capital fue la más agraciada, muchos pueblos de la mitad sur de la provincia conocieron la alegría de la llegada de la fortuna. En Arconada hubo 6 papeletas de 10 reales cada una, con un premio total de 90.000 pesetas. En Boadilla del Camino la suerte dejó 180.000 reales (45.000 pesetas) a repartir entre 6 agraciados, uno de ellos el barbero del pueblo. En Melgar de Yuso el sastre tuvo menos suerte, pues repartió un décimo entre diez vecinos y él no jugó nada de nada. Villalaco, Revenga, Santoyo, Boadilla del Camino, Villarramiel, Villoldo, Magaz de Pisuerga, Becerril de Campos y Villamuriel fueron algunos de los pueblos agraciados y en los que muchos jóvenes reclutas pudieron librarse de cumplir el servicio militar. En Carrión de los Condes los afortunados fueron algunos de los guardias civiles allí destinados. El pueblo con más suerte fue Paredes de Nava, donde la lotería dejó 1.200.000 de reales (300.000 pesetas) a repartir entre una treintena de familias agraciadas. En Villaconancio los jóvenes a los que la suerte sonrió se comprometieron a celebrar por todo lo alto las próximas fiestas pagando una nueva imagen de San Julián, patronato del pueblo, y contratando por siete días a los dulzaineros de Cevico.


En la capital el premio estuvo muy repartido y el seminario fue un lugar donde la suerte hizo compartir muchas alegrías. Las obras del nuevo edificio estaban rematándose y albañiles, pintores, fontaneros, carpinteros y herreros compartieron la suerte con algunos catedráticos, seminaristas y fámulos. Eugenio Mediavilla, seminarista que costeaba sus estudios trabajando en el propio seminario, fue el primero en dar gracias a Dios y anunciar su aportación caritativa de entregar 1.500 pesetas a un vecino de su pueblo, Polentinos, para que pudiese libarse de cumplir el servicio. Casado y con dos hijos su familia se libró de verle partir hacia Cuba. Años después, ordenado ya sacerdote, Eugenio Mediavilla fue durante muchos años el párroco de Nuestra Señora de la Calle.


La Nochebuena de 1892 fue muy especial para muchos palentinos gracias a aquel primer sorteo de la recién denominada Lotería de Navidad. Los más pobres y necesitados, que no eran pocos en la ciudad, como era costumbre recibieron del Ayuntamiento, en la tarde del día 24 de diciembre, una ración de pan, otra de arroz y una de bacalao. La caridad pública brindaba a los más menesterosos de la ciudad la oportunidad de tener su noche buena.

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Los premios de la lotería se pagaban por el Banco de España y la entidad bancaria estatal jamás había tenido en su oficina de Palencia tanto dinero en su caja, ni sus empleados habían visto tanto dinero junto. Hubo que esperar varios días hasta que, con escolta de la Guardia Civil, llegasen desde Madrid esos tres millones y medio de pesetas para proceder al pago de los premios. Los primeros días de enero del nuevo año la oficina del Banco de España fue foco de atención y comentarios sobre quién entraba y cómo salía de ella, especulándose sobre quiénes habían sido los más agraciados en el sorteo navideño. 


Lo más anecdótico fue la imagen protagonizada por los agraciados en Paredes de Nava por la calle Mayor de la ciudad. Siendo una treintena los vecinos premiados, en la capital se presentaron juntos a cobrar su premio acompañados de familiares, el alcalde y algún concejal. Desde la estación de ferrocarril enfilaron la calle Mayor hacia el Banco de España portando un arcón en el que guardar las 300.000 pesetas que venían a cobrar. A los ojos de los curiosos, cortejo y baúl recordaban la marcha de los israelitas por el Sinaí portando el Arca de la Alianza. Y llegados al Banco de España la sorpresa fue comprobar que el arca era innecesaria, porque el pago no se hizo en monedas, sino en billetes, y lo cobrado en papel moneda por cada afortunado bien podía guardarlo a buen recaudo en un bolsillo. 


De buenos premios en la lotería con denuncias por medio por aquí se sabe mucho y se tiene experiencia. Aquel sorteo de 1892 no fue una excepción. A una mesonera de Magaz le desapareció de un cajón de su vivienda la participación premiada con unos cuantos miles de pesetas y tanto igual le ocurrió a un comerciante de zapatos de la calle Mayor. Las denuncias e investigaciones debieron de atemorizar a los usurpadores de las papeletas premiadas al saber que Guardia Civil y Policía detenían e interrogaban para esclarecer la autoría de los robos. A la mesonera de Magaz en la oscuridad de la noche se le devolvió la papeleta premiada a través de una pedrada en una ventana. Y en cuanto al zapatero de la calle Mayor, fue un fraile dominico quien le reintegró la participación premiada, reservándose la identidad del arrepentido o arrepentida bajo secreto de confesión.


En aquel primer sorteo de la Lotería de Navidad, Palencia compartió la alegría de la suerte con Alicante y Cádiz. Para los estudiosos de la cábala y del significado de los números hubo algo de especial en los números elegidos por la fortuna: 40297, 46813 y 48226. La suma de los dígitos de cada uno de los tres primeros premios tiene el mismo resultado: 22.


Ha pasado mucho más de un siglo y Palencia no ha vuelto a tener tanta suerte con la lotería como la tuvo en la víspera de la Navidad de 1892. Dice el refranero que la suerte no está para quien la busca, sino para quien la encuentra. Quién sabe lo que ocurrirá este año. Pase lo que pase, que no se repita lo publicado en el principal periódico de la vecina Valladolid en aquel 1892 cuando, por envidia o desilusión, se limitó a publicar lo siguiente: Según telegramas recibidos en esta población, el premio mayor de la Lotería nacional ha correspondido al billete número 40297, expedido en Palencia, y los premios segundo y tercero han caído en Alicante y Cádiz ¡Conque, que aproveche a los agraciados!