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Siempre montañés

A. Benito
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La Montaña Palentina es el lugar de origen y el campo de investigación de Jesús Francisco Torres, doctor en Prehistoria y Arqueología cuya labor en Monte Bernorio y Huerta Varona ha arrojado un poco de luz sobre una parte del pasado de la comarca

Siempre montañés - Foto: ib Photo

Como buen barruelano, la minería y la agricultura fueron las coordenadas que marcaron la infancia del doctor en Prehistoria y Arqueología Jesus Francisco Torres. También la emigración derivada de las necesidades de una familia que, aunque se tuvo que instalar en Madrid, nunca perdió el vínculo con su lugar de origen. Años después, el terruño montañés se convirtió en campo de investigación para este científico cuya labor no solo ha arrojado un poco de luz sobre una parte del pasado de la Montaña Palentina, sino que ha contribuido a que los habitantes de la zona se sientan orgullosos de sus raíces histórico-culturales.


«En mi juventud, estuve muy involucrado en el asociacionismo juvenil de Barruelo, fui voluntario de Cruz Roja y formé parte del grupo de rescate de montaña de la agrupación de Protección Civil. Nunca he dejado de sentirme palentino y montañés», apunta al respecto el arqueólogo norteño, que comenzó a excavar el yacimiento de Monte Bernorio, en Villarén de Valdivia, en el año 2004. «En aquel momento, mi director de tesis y yo vimos que existía en la zona un vacío de investigación arqueológica muy importante», explica.


Desde la perspectiva actual, está claro que ninguno de los dos se equivocaba y es que El cantábrico en la Edad del Hierro, que así se llamó su trabajo doctoral, fue la base para comenzar a reconstruir un momento histórico crucial, así como los procesos económicos y sociales que tuvieron lugar en el norte de la Península Ibérica hace miles de años y  que fueron el germen de la sociedad actual. 


«Ocurre en muy pocos países de Europa que la arqueología se desarrolle en zonas de montaña. Por lo general, se excavan sitios menos elevados y expuestos a las inclemencias meteorológicas», continúa Torres. De ahí la importancia de la labor realizada por el Imbeac, organismo del que es director y a través del que también se han canalizado los trabajos en Huerta Varona (Aguilar de Campoo) y El Cerrito (Teruel). 


Para el arqueólogo, la información recabada en los mencionados yacimientos y también en el santibañés de La Loma o en los de la Sierra de Híjar, es un «verdadero privilegio», algo que deja a la gente «maravillada» puesto que hasta hace algún tiempo nadie se imaginaba que podía haber tanto nivel cultural en lugares tan ásperos. «Lo único que nos falta es invertir más dinero», apostilla.


No obstante, Jesús Francisco Torres reconoce que, en los últimos años, las instituciones se han vuelto «más sensibles» e incluso ha habido algunos políticos cuya implicación ha sido decisiva en el avance de las excavaciones. 


«Pero si hay algo de lo que estoy satisfecho es de que la gente esté cada vez más interesada por su patrimonio. Parece que esa depresión colectiva ligada a la crisis de la minería y a la despoblación del campo que hacía que muchas personas solo vieran ruina y miseria en una zona llena de riqueza va quedando atrás, y eso es gracias al esfuerzo colectivo», concluye.