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Javier San Segundo

Ajo, guindilla... y limón

Javier San Segundo


El reconocimiento

22/10/2022

Quiero rematar en esta quincena la misiva anterior por la importancia que pueda conllevar en la faena hostelera. Más, si cabe, con la que está cayendo. Porque los chuzos no solo atizan y calan desde la vertiente del personal y sus condiciones de trabajo. El empresariado es consciente de la carencia de efectivos para incorporarse a las filas de las cuadrillas de servicio. Y no hablo ya de profesionales reconocidos de los que torean con maestría infinitesimal el ruedo de una barra o comedor, sino de cualquier 'alguien' con el que se pueda contar para el tajo aunque sea desde la bisoñez camareril más profunda. Y al cliente le salpica. Y a la cuenta de resultados. Es aquí donde la ecuación más tiene que mostrar que la igualdad es, quizás, el signo matemático por excelencia. Y ha de serlo en la vida y, por ende, en el trabajo. Porque cuando un coche parte de La Coruña y otro de Madrid debieran encontrarse allá por Benavente, y no en Betanzos ni en Las Rozas. Y para que no ocurra tal desmán, las velocidades han de ser similares. Y aunque los vehículos puedan ser diferentes, siempre mantendrán un mínimo común de confortabilidad para que el trayecto sea más que digno para ambos. Porque los reconocimientos y parabienes al trabajo bien ejecutado son unos de los principales motivos de felicidad cuando se aposenta la cabeza sobre la almohada. Y pueden provenir por parte de la clientela. Miel sobre ricas hojuelas y sueño placentero. Pero han de provenir, también y sin duda, por parte del que paga la nómina y procura las condiciones de trabajo. Y, como en botica y en Padrón, en muchos casos ocurre, y en otros, non. Pero observo con satisfacción y orgullo que la tendencia y la mentalidad generales están tendiendo a este buen extremo. Y es una buena senda, porque todos los puntos que conforman el perímetro del círculo han de mirar hacia el centro común, que no es otro que la satisfacción de todas las partes implicadas. Y a vivir, y a trabajar. Y muchos sabrán gestionar ese éxito sin laureles desmedidos ni subidas de barbilla ni pechos de palomo para que esa ecuación se mantenga exacta, y las facturas se paguen y las nóminas se ingresen. Y los piropos recibidos por parte de la parroquia se saborearán todavía más ricos y sabrosos con una sonrisa en los labios y una mirada esperanzadora al futuro.