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 José María Nieto Vigil

Sin Perdón

José María Nieto Vigil


Monseñor Amigó

06/05/2022

La Iglesia Católica española está de luto. El pasado 27 de abril, en Guadalajara, a los 87 años de edad, fallecía uno de los hombres más destacados y respetados  de la curia vaticana y nacional, Carlos Amigó Vallejo. Una pérdida que la sociedad española ha acusado dolor, consternación y profundo respeto. Y no es para menos. Su talla humana, moral, espiritual y religiosa es intachable, comprometida, ejemplar y modélica. Toda su figura es un dechado de virtudes cristianas y humanas, de acendrado, puro y limpio esplendor.
Su trayectoria eclesiástica, relevante y excelsa, es imposible de relatar en mi limitada columna. Este riosecano, nacido en la Ciudad de los Almirantes en 1934, siempre destacó por su sencillez, discreción y sereno espíritu franciscano. Es unos de esos hombres de Dios hacia los que se profesa respeto, admiración y enorme consideración, un auténtico apóstol de Dios. Su ordenación sacerdotal, el 17 de julio de 1960, marcaba el inicio de una vida dedicada  al servicio de Dios y de los hombres de una manera incuestionable, inquebrantable, indefectible y firme, por decidida y constante.
De la treintena de libros publicados, he tenido el placer de leer dos de ellos: Caminar con Francisco de Asís y Sevilla en cien cuadros. Las dos me resultaron muy atractivas y de imposible olvido. Las demás, proyectan por igual, su dimensión trascendente y humana como digno hijo de Dios. En él, de manera sencilla y humilde, se daban cita todas las virtudes cristianas que se pueden tener. Hombre de Dios –con mayúscula- entre los hombres de su tiempo, sin estridencias, engolamiento jerárquico y, mucho menos, soberbia o engreimiento. Y podía tener razones para haber pecado de vanidad, vanagloria y soberbia. 
Cardenal de ascética franciscana, desempeñó con notable éxito diferentes responsabilidades. Arzobispo de Tánger (1973-1982), o arzobispo de Sevilla (1982-2009). Su título cardenalicio, recibido el 21 de octubre de 2003, era de la iglesia romana de santa María de Montserrat de los Españoles. En el momento de su muerte era arzobispo emérito de Sevilla.
Gracias monseñor por su ejemplo y que Dios lo tenga en su gloria eterna.