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Ilia Galán

Ilia Galán


Cazando campestres viajeros

31/01/2022

«El medio rural, a la caza del viajero», leo en este medio, y veo que preparamos las armas, no tanto para abatirlo sino para enamorarlo, para engancharlo y que encantado quede soltando sus dineros. Varios pueblos van a Valladolid para promocionar sus productos. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma tiene que ir a la montaña. Con el comercio es igual, si los productos, aunque excelentes, no salen de la campiña, habrá que salir a buscar a los compradores, pues el excedente de producción, natural en estos tiempos, es para vender. O la producción del campo llega a las ciudades y a otros que la requieren o cuando por los campos pasen los visitantes, se les vende. Así lo recuerdo con una tienda-taberna de quesos y vinos, de refinado aspecto, a la vez que rústica, junto a la maravillosa iglesia románica de Frómista, modelo del arte de aquellos tiempos. 
Los comercios especiales, con encanto, en aldeas y pueblos o en muchos lugares donde tienen ganados o agricultura se venden a visitantes como exquisitos productos, naturales, de las tradiciones nuestras. Hay países que organizan muy bien este tipo de redes comerciales, como Francia o Italia, y los turistas suelen llevarse algunos alimentos o lo que produzcan, si es maderas o artesanía; lo que fuere... La aldea ya no puede quedarse encerrada en nuestros tiempos con el autoabastecimiento sino que tiene que proyectarse y vender, que no venderse, ofreciendo a los foráneos lo mejor que produce o lo que en su territorio crece o se desarrolla. Esto le dará prosperidad y evitará el tan temido éxodo rural hacia las ciudades donde se hacinan y malviven tantas gentes.
Apenas existen ya aldeas como antaño, donde la mayoría de sus pobladores no salía del valle o de su zona en toda la vida; los cambios tecnológicos han hecho fácil el visitar otras regiones y hasta países lejanos; los extremos del mundo también llegan a casa por la televisión o por Internet. Sin embargo, se habla de vender, de producir, pero apenas de ser, y la dimensión espiritual es fundamental en la campiña; quien se mira ante el Creador, es capaz de vivir sin soledad y feliz otra dimensión.