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Editorial

Putin exhibe poderío militar y acusa a Occidente de provocar la guerra

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Con una cuidada puesta en escena que trataba de lanzar al mundo el mensaje de su imponente poderío militar, Rusia celebró ayer el Día de la Victoria, efeméride que recuerda la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Mucho se esperaba y se había especulado sobre el contenido del discurso del presidente, Vladímir Putin, que se limitó a defender la guerra de Ucrania, porque, según sostuvo, fue una respuesta a las intenciones que tenía Occidente para invadir suelo ruso. Putin, que en ningún momento a lo largo de su alocución nombró al país vecino, justificó su 'operación militar especial' tras la negativa de firmar un tratado de seguridad global, que terminó quedando en nada, y señaló de forma velada a la OTAN como la responsable de la respuesta, consumada en una invasión y una cruenta guerra que ya dura 75 días y que ha dejado muerte y destrucción a lo largo y ancho del territorio ucraniano.

Algunas voces habían señalado la posibilidad de que Putin hiciera algún tipo de anuncio relevante, ya fuera relacionado con la conquista total del Donbás o que incluso declarara oficialmente la guerra contra Kiev, pero finalmente ninguna de las teorías se hicieron realidad, ni siquiera la que sugirió el Papa Francisco hace unos días que admitía, tras su encuentro con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que Rusia lo tenía todo preparado para que el fin de la contienda se produjera en la misma jornada en la que se celebraba el Día de la Victoria. Es evidente que Putin no ha logrado sus objetivos militares ni dentro de los plazos previstos ni con respecto al territorio ocupado. Si la invasión comenzó con una operación relámpago lanzada por Moscú con la finalidad de conquistar Ucrania en un tiempo récord, ahora la estrategia pasa por hacerse con la frontera que une el enclave del Donbás con Crimea, lo que permitiría a Rusia tener el control total del mar Azov. La estoica defensa de los ucranianos y la ayuda internacional, en forma de armamento y de sanciones, está sirviendo para frenar las aspiraciones de Moscú, que, pese a las derrotas dentro y fuera del campo de batalla, no va a parar una guerra inhumana que se cobra vidas a diario y que ha provocado una crisis humanitaria sin precedentes.

Rusia volvió a exhibir ayer su poder militar. Putin comparó a los soldados del Donbás con los que combatieron en la Segunda Guerra Mundial con los nazis y, paralelamente, continuó con los bombardeos en ciudades como Lugansk y Donetsk, donde las fuerzas prorrusas tratan de hacerse con el control. Moscú va a seguir con esta espiral bélica y Occidente, que debe incidir en las sanciones -se espera un consenso en la UE para dejar de importar petróleo-, también debería trazar un plan en el que la diplomacia al más alto nivel reconduzca la situación y logre poner fin a esta barbarie en pleno siglo XXI. La tarea se antoja complicada. Putin no tiene intención de que la pesadilla acabe.