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Javier Santamarina

LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


La conquista del oeste

24/09/2021

El Financial Times lo consideró el mejor libro de economía de 2.019, lo cual molestará a los prejuiciosos, pero El mito del capitalismo de Jonathan Tepper es con amplísimo margen el mejor libro económico que he leído en años. Hay otros textos mejor construidos y filosóficamente más exigentes, pero su lectura es amena, comprensible y didáctica. Una vez lo has terminado, entiendes algo del barullo ideológico de la izquierda y empatizas con el enfado creciente de la clase media americana.

Los políticos occidentales ignorarán este libro y preferirán leer con gusto Misión economía de Mariana Mazucato. Basta con decir que lo expresado por ella lo suscribiría el Partido Comunista Chino y que termina haciendo un alegato encendido de la Tasa Monetaria Moderna.

Nuestro problema no es de análisis, sino de humildad. Nos gustaría creer que para cada problema existe una solución. Nuestra aspiración debería limitarse a que los ciudadanos libres no tengan que hacer actos heroicos para vivir en paz y que su iniciativa personal tenga un justo retorno.

Esta afirmación se limita a reconocer que existe un límite a nuestra capacidad para hacer el bien y esa frontera no es la voluntad. Vivimos en un romanticismo tóxico que educa al individuo a guiarse por su voluntad y capricho personal como brújula vital. Ese camino solo lleva a la frustración propia, porque entre el ideal y el hecho hay un largo trecho camino.

La mayor bondad del libro El mito del capitalismo consiste en que nos recuerda que no se trata de culpabilizar al concepto de capitalismo. Los oligopolios, la corrupción, la excesiva regulación y la concupiscencia de la élite política y empresarial son la antítesis de una economía sana. Deberíamos leer el libro para recordar conceptos y recuperar nuestro amor a la libertad. Una vez leído, no será necesario que les expliquen por qué China no alcanzará la prosperidad con una dictadura de partido.

Vivimos en una sociedad que ha caído en un relativismo que le impide aspirar a principios claros de entendimiento. La economía no es una actividad ajena de la política. Requiere una defensa constante de la libertad económica. Los economistas, del signo que sea, hablan como si su disciplina fuera una ciencia exacta y no lo es. No somos prósperos por casualidad, lo que ocurre es que nos hemos olvidado de cómo hemos llegado a serlo. Cuando se desprecia las enseñanzas de la historia el camino se complica.