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Antonio Álamo

Antonio Álamo


Tedio

22/09/2022

Después de seguir a cierta distancia el espectáculo que ha rodeado el entierro de la reina de Inglaterra a algunos les resultará inevitable recordar aquella vieja anécdota protagonizada por John Lennon a cuenta de la familia real británica. Fue en 1963. Los Beatles participaban en un concierto oficial de carácter anual promovido por la monarquía y cuando fueron a cerrar la actuación con su versión de Twist and Shout al músico no se le ocurrió otra cosa que invitar al público a colaborar. Y lo hizo a su manera. «Para nuestro último número –dijo- me gustaría pedirles ayuda, las personas de las localidades más baratas tienen que aplaudir. Y para el resto de ustedes, si tan solo hicieran sonar sus joyas…» La cara de la reina madre, como puede comprobar quien vea el vídeo de aquella actuación, ofrece matices difíciles de describir. Aquella versión, por cierto, sonó desafinada.
Las cosas no han cambiado tanto, como se puede acreditar… los de las localidades más baratas hemos presenciado un entierro real desde las sillas en nuestros hogares, para eso está la televisión, y los que disponen de joyas de ensueño y Montblanc Meistertück para firmar decretos y leyes han mantenido una apostura elegante en señal de respeto porque ambos espectáculos, a pesar de su simbolismo intrínseco, tienen finalidades distintas ya que no es lo mismo despedir a una persona que celebrar una fiesta musical. En otras palabras, no eran ni lugar ni momento adecuados para practicar tintineos con las alhajas.
También resulta inevitable presumir que este funeral representa de alguna manera el último capítulo de una historia que no volverá. Durante todo el siglo XIX la economía de Europa, y de hecho la de todo el planeta, estuvo dominada por Gran Bretaña, tal como apuntó el historiador Sir Richard Evans en La lucha por el poder (Critica. 2017), pero eso no es más que un testimonio escrito de una época pasada. Así sucederá con este funeral no tardando y tal vez los futuros especialistas utilicen este hecho para cerrar un capítulo entero sobre el país que un día fue catalogado como el «taller del mundo». Eso puede resultar tan valioso o más que ciertos detalles sobre el protocolo o la colocación de los monarcas españoles en el templo.