COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La vida sigue tras el 8-M

09/03/2021

Si doscientas cincuenta mujeres se hubieran dado cita en cualquier estación del metro de Madrid a las 7:30 horas de la mañana vestidas con alguna prenda morada, e incluso hubieran proferido algún grito a favor de la igualdad entre mujeres y hombres, ningún miembro de las Fuerzas de Seguridad se habría acercado a identificarlas. Seguramente irían todas ellas a su puesto de trabajo con su correspondiente salvoconducto e irían apiñadas en el vagón como todos los días, como fueron el viernes y como se trasladarán el martes.  Exactamente lo mismo que ocurre en cualquier ciudad de España en hora punta con los transportes abarrotados.

Enfrentar el derecho de reunión y manifestación con el derecho a la salud tiene el mismo fundamento que la dicotomía entre economía y salud, que hace ya meses que se ha resuelto a favor de la primera. Pero ya desde el 8-M del pasado año se sabe que participar en una manifestación feminista es sinónimo de contagio del covid-19 y participar en un congreso de un partido o asistir a un partido de fútbol o trasladarse en transporte público en las mismas fechas apenas contagia.

La coherencia a la hora de abordar todas las fases por las que se ha atravesado durante la pandemia no ha sido lo habitual y con las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer tampoco iba a ser menos. No tiene sentido prohibir esas reuniones en Madrid y que se autoricen en el resto de España. El “No ha lugar” de la ministra de Sanidad, Carolina Darias, habría tenido sentido con carácter general. Pero al no ser así se señala a las mujeres madrileñas quizá -concediendo el beneficio de la duda-, con la intención de protegerlas de los furibundos ataques de que fueron objeto hace un año por parte de la derecha política y mediática. La Delegación del Gobierno de Madrid y los jueces les han concedido una victoria gratuita. Ahora la pelota está en el tejado del Tribunal Constitucional, no para esta ocasión, sino para el futuro porque tiene que estudiar la prevalencia en el choque entre dos derechos y revisar su jurisprudencia.   

Mientras se resuelven las discrepancias doctrinales entre las distintas facciones del movimiento feminista, mientras continúan las diatribas entre los partidos a ver quién es y ha sido más feminista, mientras que la ultraderecha provoca y no tiene empacho en negar la evidencia y en vandalizar símbolos feministas, y entre los homenajes a la mujeres que han estado en la primera línea para hacer frente a la pandemia, la vida de las mujeres es lo que pasa mientras se logra, junto al impulso legislativo, cambiar mentalidades y situaciones concretas. Porque alguien tendrá que explicar en qué momento se perdió el precepto de a igual trabajo igual salario, un olvido que ha permitido que la brecha salarial se amplíe cada vez más, o porque no entran en acción los mecanismos de inspección para que las empresas elaboren planes de igualdad y antidiscriminación.

Precisamente el hecho de que las manifestaciones celebradas en todo el país resultaran poco concurridas por el estado de pandemia revela la madurez de un movimiento que además de la protesta continúa su trabajo día tras día para consolidar el cambio social más importante de las últimas décadas.