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'Ave, María'

DP
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El primer capítulo de la exposición 'Lux', montado en Santa María del Camino de Carrión de los Condes, exhibe obras que llegan desde los museos Lázaro Galdiano y Nacional de Escultura y un Alonso Berruguete de la iglesia de Santiago

‘Ave, María’ - Foto: Óscar Navarro

La figura protagonista del relato expositivo de Lux es la Virgen María. A ella le fueron dedicados muchos templos, especialmente a lo largo de todo el Camino de Santiago, que es uno de los pilares esenciales de la vigesimoquinta edición de Las Edades del Hombre. En la Ruta Jacobea son numerosas las iglesias, monasterios y ermitas con advocación mariana que son testigo de la importancia de la Virgen en toda la historia de la fe de un pueblo. Es el caso de Santa María del Camino de Carrión de los Condes, una de las cinco sedes de la exposición, en esta ciudad jacobea junto a la iglesia de Santiago.

La nueva engtrega de Las Edades del Hombre cuenta, bajo el subtítulo de Lux, con dos subtítulo, uno para la catedral de Burgos, y otro para las sedes de Carrión de los Condes y Sahagún, Ecce Mater Tua. En la iglesia de Santa María del Camino se desarrollan los capítulos Ave, María y Tota Pulchra y en la de Santiago Virgo et Mater.

El primer capítulo de la muestra está dedicado a la narración evangélica de la Anunciación o Salutación: Ave, gratia plena, Dominus tecum Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Como  recoge el panel introductorio, con estas palabras, el arcángel San Gabriel saludaba a María poco antes de anunciarle su maternidad divina. «Es el momento sublime de la encarnación del Verbo en el seno virginal de la doncella de Nazaret. El momento inefable en que el Hijo del Altísimo, preexistente en el seno de la Trinidad, asume la naturaleza humana y une a ella su naturaleza divina. El momento grandioso en que culmina la historia de la salvación y se inicia la plenitud de los tiempos, mostrando a Dios trinitario su amor ilimitado por los hombres en la persona de Jesús (Dios salva), el Emmanuel (Dios con nosotros) prometido». 

En este primer capítulo, procedente de la catedral de Zamora (capilla de San Bernardo), puede verse Anunciación -anónimo, segunda mitad del siglo XIV, piedra policromada y dorada-.  Las dimensiones de María son 171 por 43 centímetros y las de San Gabriel 176 por 70 . Esta es una de las nueve obras que llegan a Lux desde la Diócesis de Zamora y una de las cuatro que se exhibe por primera vez.

La Diócesis de Ciudad Rodrigo aporta tres piezas a la exposición, que pueden verse en Santa María del Camino de Carrión,  una de ellas en este primer capítulo. Se trata del Libro de las horas (Oficio de la Virgen) de Philippe Pigouchet, datado en 1504 y que se puede ver habitualmente en el Museo Diocesano y Catedralio. Según destaca monseñor García Burillo, «seguramente el libro fue propiedad de Isabel la Católica», en función de los estudios llevados a cabo. 

Ave, Maria exhibe también La Anunciación, del Museo Lázaro Galdiano. La obra, aunque de buena calidad, no se expone habitualmente en este por falta de espacio. Se prestó en el verano de 2018 (del 22 de junio al 16 de septiembre) al San Antonio Museum of Art (USA) para la exposición Spain: 500 years of spanish painting from de museums of Madrid. Antes de exponerse en Estados Unidos, el cuadro fue restaurado en el Galdiano a cargo del peticionario. La descripción que recoge la ficha del propio museo señala que «un arco escarzano da paso a un interior de pavimento enlosado y de raigambre flamenca que ambienta la escena de la Anunciación; la paloma del espíritu ilumina formando un nimbo de luz alrededor de la cabeza de María, que recibe el anuncio del arcángel Gabriel. Al fondo, en un marco de nubes, Dios padre con tiara papal, infunde ánimo con su bendición a la joven Madre. Un tapiz de brocado cubre el muro de la derecha que alterna con la disposición de un aparejo bicolor, o a soga y tizón, en el muro del fondo». En esa se puede leer asimismo que Camón la registra como obra burgalesa influida por los pintores flamencos de fines de siglo. Camps como primitivo castellano de fines del XV. Sin embargo, a pesar del tratamiento convencional de los paños, pesados y quebrados, el modelado avanzado de los rostros indica una fecha algo más tardía, en las primeras décadas del XVI.  

Martínez. Otra de las obras que integra este primer capítulo es Anunciación de la Virgen (1576-1600), de Gregorio Martínez de Espinosa, que llega desde el Museo Nacional de Escultura. Según la información facilitada por este, la pieza se encuentra claramente emparentada con la encargada por el banquero Fabio Nelli. La figura de Martínez, dentro del panorama pictórico castellano de los años finales del siglo XVI, se halla cada vez más perfilada gracias a estudios monográficos y a las aportaciones a su catálogo que lo convierten en un pintor de altura. Su conocimiento de las novedades de la pintura italiana y su relación con los focos artísticos relevantes como el escurialense, lo colocan en una posición de privilegio respecto a la práctica pictórica de los maestros locales. 

El lienzo, explica la ficha, se compone con una división del campo en dos partes, organizadas en torno a la disposición aérea del ángel frente a la terrenal de una Virgen sorprendida, comunicadas por una línea diagonal que atraviesa el cuadro y une las cabezas de ambas figuras. «La actitud de la Virgen sigue los consabidos esquemas consagrados por Miguel Ángel en el Juicio Final de la Capilla Sixtina rápidamente difundidos a través de la estampa, en ese contrapposto elegante donde se mezclan la turbación y la sorpresa, al tiempo que se ofrece a la veneración del fiel la auténtica humillación de la esclava que proclaman las Escrituras». «La eliminación de referencias arquitectónicas deja todo el ámbito sumido en una atmósfera supraterrenal, a lo que colabora el cromatismo suave y una luz manejada con pericia. La comparación con la célebre tabla de la Anunciación, encargada por Fabio Nelli para su capilla sepulcral y, orgullosamente firmada por el artista, es inevitable. El carácter más sereno de esta composición muestra, sin embargo el seguimiento de los mismos esquemas formales, con la diferencia de interpretación en la separación de los planos celestial y terreno». 

Los detalles iconográficos corresponden al lenguaje habitual del episodio, según la ficha de la obra. La figura andrógina del ángel anunciador porta en sus manos la rama de olivo y transmite el mensaje con la gestualidad de su actitud. La Virgen ha sido turbada mientras oraba, colocada ante un reclinatorio en el que se encuentra el libro de los textos sagrados, abierto por la profecía de Isaías, 7, 14, en la que se habla de la maternidad virginal de María. La parte inferior del mueble ofrece la decoración en relieve del profeta Moisés apoyado en una cartela con un texto del Deuteronomio, 18, 15, que hace referencia al nacimiento de Cristo como definitivo profeta: «Tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis». «La representación en grisalla de la figura y la búsqueda intencionada de la sombra en la cartela que sostiene, son buena prueba de la calidad formal del artista, comprobable también en el exquisito jarrón de flores que desde las representaciones medievales acompaña siempre esta escena».

Alonso Berruguete es también protagonista en Ave, María, y es que de este artista se puede ver Anunciación, del retablo de la Epifanía de la iglesia de Santiago de Valladolid. La pieza pudo verse en la exposición Hijo del Laocconte.  Alonso Berruguete y la antigüedad pagana. En el catálogo de la misma Manuel Arias Martínez señala que «los detalles ponen de manifiesto el eficaz peso de lo clásico, es el caso de los paños mojados que se adhieren al cuerpo del arcángel, como secuela del estudio de la estatuaria romana o el vas gallonado que centra la escena, tomado directamente  de los catálogos arqueológicos», y añade que «el detalle del vaso a la romana sosteniendo lirios que se mueven con el impulso generado por la irrupción violenta de Gabriel en la estancia en la que ora María, y que agita hasta los doseles del lecho, es toda una metáfora de la innovación de Berruguete». «El peso de la tradición junto a una lectura rupturista, atrevida e insólita en esa plasmación del movimiento que todavía se hace más singular al realizarse sobre un relieve en madera policromada», concluye.